RELACION CON LA FAMILIA BIOLÓGICA Y LA ADOPTIVA

Una persona adoptada por la ley de adopción plena es un hijo entregado para siempre a otro grupo familiar.

De parte de los padres biológicos hay una renuncia a este hijo y prácticamente desaparece del sistema familiar, puesto que deja de tener un lugar en esta familia, e incluso, su existencia es un tema del que la familia evita hablar, o se trata de un secreto de familia, del cual muy pocos saben que en la familia hubo hijos que fueron dados.

Hay un distanciamiento para siempre y esto, el hijo adoptivo lo vivencia como una exclusión de esta familia para convivir en una nueva familia, y esto hace parte del destino que tiene que vivir.

El hijo adoptivo puede o no sentirse parte de la familia adoptiva, pues él únicamente puede saber lo que siente y gobernar para si mismo los sentimientos en su corazón. Puede sentirse aceptado, amado y respetado por toda la familia adoptiva o sólo por algunos miembros.

En caso de no sentirse cómodo con algunas personas de la familia, lo expresa de muchas formas, que van desde un simple gesto de desagrado, desinterés en tener detalles y en establecer una relación de confianza, hasta demostrar no querer sostener ningún tipo de relación con estas personas; por lo cual se puede producir un nuevo distanciamiento familiar o ruptura definitiva con ciertos miembros de la familia adoptiva.

Para el hijo adoptivo, su hogar está conformado por  las personas de la familia adoptiva a las que él les puede dar un espacio en su vida afectiva.

En cuanto a la familia adoptiva, el adoptado es aceptado como miembro de la familia por algunos, todos o ninguno. Esto no quiere decir, que si toda la familia lo acepta, el adoptado tenga que verse obligado a corresponder en aceptaciones y afectos de la misma forma.

Al igual que no eligió a su familia biológica tampoco escogió entre varias familias, la que quería que lo adoptara y esto es algo que debe estar claro, tanto para la familia que adoptó como para el adoptado con relación la convivencia diaria.

La persona adoptada brinda afecto, confianza y aceptación a su familia adoptiva en la medida en que puede y quiere. Para él son familiares las personas con las cuales  le tocó nacer y con la cual convive por un periodo corto, y también son familiares, las personas de otra familia con las cuales sigue conviviendo. Por eso, al dibujar su árbol genealógico el adoptado se dibuja unido a ambas familias.

No interesa que tenga mucha o poca información sobre su familia de origen, si recuerda lo que convivió con ellos. Pertenece a dos familias para siempre, pero de diferente forma por circunstancias distintas. En una familia asume el rol del hijo que debe irse del grupo y en la otra familia, es el hijo que llega.

Al salir de un sistema familiar e ingresar a otro, ambos sistemas (biológico y adoptivo) se regulan. Por eso el hijo adoptivo debe entender que su salida de una familia y su llegada a otra, son necesarias para que ambos sistemas familiares puedan seguir funcionando.

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