ADOPTADOS: LA GRAN NECESIDAD DE SER AMADOS

El adoptado debe aprender a amarse a si mismo, sintiendo amor y respeto por sus raíces, conociéndose y enriqueciéndose con sus experiencias de vida para poder darse a otros. Este es un amor propio saludable que fortalece su autoestima.

Es por este motivo que el adoptado necesita que se lo mire con "buenos ojos", ser reconocido, aceptado, que quieran compartir con él, que se interesen por lo que hace y siente.

Esta necesidad es de suma importancia para vivir en paz en su vida adulta. De acuerdo con Carl Rogers esta necesidad que tenemos los seres humanos es llamada Necesidad de Consideración Positiva.

Esperamos que nuestros padres adoptivos satisfagan en su totalidad la necesidad de consideración positiva, y si sentimos que no lo hacen, es equivalente a que nos hubieran tendido una trapa en el amor, pues nos habían prometido, estima, afecto y pertenencia.

El adoptado se siente engañado pero para no sufrir pasa por alto su propio proceso de experiencias y se desconecta de su funcionamiento corpóreo para no entrar en conflicto con el modelo de amor de esperaba de sus padres. Se divorcia de él mismo y se carga nefastas consecuencias, donde se frustra por haber esperado más de lo que le podían dar. Es allí cuando cae en la trampa.

No fueron malos padres adoptivos, sólo que se esperó más de lo que ellos podían dar. Cuando se logra comprender esto y elaborar en la vida adulta, y responsabilizarnos de nuestro propio sufrimiento a raíz de no haber recibido lo justo según nuestras expectativas, podemos superar conflictos con la familia adoptiva y dejamos de atribuirle responsabilidades a los padres adoptivos que no les corresponden.

Aceptamos que es nuestra propia trampa y nos perdonamos por haber esperado más de ellos, por haber sufrido tanto tiempo por esto.

Al reconciliarnos en nuestro interior con nuestros padres adoptivos, podemos reparar gran parte de la experiencia de adopción. 

Igual sucede con los padres biológicos, que esperamos que nos hubieran criado y que nunca nos hubieran abandonado o entregado a otra familia. La trampa es que esperamos esto, pero lo mejor que ellos podían hacer por amor era darnos. Cuando se puede entender esto, empezamos a sanar parte de lo que llevamos en la mochila.

Es importante revisar que nos tiene enojados, resentidos, dolidos y lo que no aceptamos de nuestros padres. Parte de ser adulto, es que el adoptado se responsabilice de qué es lo más apropiado que hará con su sufrimiento, para detenerlo y aprender.

Los adoptados cometemos un gran error que nos hace caer en la trampa de esperar más, por las mismas carencias que tenemos en nuestra mochila. Estamos desesperados por recibir amor de parte de nuestra familia adoptiva, pues hemos sufrido deprivación afectiva que nos hace caer en esa trampa. Es una dura realidad que hay que aceptar cuando se es adulto, porque en la niñez y adolescencia no lo podemos comprender.





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