MI PROFESORA: UN EJEMPLO DE MADRE ADOPTIVA VALIOSO

Cuando ingresé al jardín infantil a la edad de dos años conocí a mi profesora Alejandra.

Alejandra casualmente se parecía mucho en su aspecto físico a mi. Ella me dio mucho amor, la quise como una madre adoptiva.

Ella tenía aproximadamente 20 años, más o menos la edad de mi madre biológica. Tuve mucha empatía con ella. Tengo fotos en mi álbum del jardín con ella y las guardo como un tesoro en mi corazón.

Considero que Alejandra apareció en mi vida como un ángel de la guarda para salvar mi autoestima. Su amor me salvó y me ayudó a encontrar mi camino hacia la resiliencia, a perseverar para sobrevivir a una historia de maltrato en el hogar adoptivo, como en el colegio donde fui víctima de bullying. Este amor me ayudó a creer en mi misma, reconocer mis talentos y virtudes.

Alejandra me celebraba los cumpleaños en su casa, e invitaba a mis compañeritos del jardín. Fueron las mejores fiestas de cumpleaños que tuve rodeada de amor y de gente que me quería.

Ella me enseñó a pintar e incentivó mi creatividad. Gracias a ella encontré en mi capacidad creativa y artística un refugio para expresar mis sentimientos y poder salvarme.

El último día de clases del jardín, Alejandra me invitó a comer pizza de jamón y piña. Tenía 5 años. Era la primera vez en mi vida que comía pizza y me pareció la comida más deliciosa que podía existir.

Encontré en la pizza, una comida que me tranquiliza cuando estoy estresada o preocupada. La pizza se convirtió en mi objeto de transferencia para recordar a Alejandra, mi madre adoptiva del corazón y mi adorada profesora.

Después del jardín infantil, entré al colegio y nunca más volví a ver a mi profesora Alejandra. Mis padres adoptivos no me dejaron volver a verla y nunca entendí por qué. Me da la impresión, que les daban celos que la quisiera a ella tanto.

Cuando cumplí 15 años, mis padres adoptivos fueron a una joyería a comprarme las joyas para mi vestido de quinceañera. En la joyería se encontraron con Alejandra. Ella les mandó saludos para mi. Mis padres me los dieron y les pregunté si les había pedido un teléfono. Ansiaba verla y hablar con ella después de 10 años. Me dijeron que no tenían el número telefónico. Estuve triste muchos días recordando que había perdido a esa madre adoptiva que fue mi profesora.

Hoy llevo a mi profesora en el corazón y le doy gracias a la vida por haberla puesto en mi camino. Fue una luz en medio de la oscuridad y contribuyó a que mi niñez fuera agradable y digna de recordar.

Gracias por todo Alejandra.











Comentarios

Lorena Yefi dijo…
me encanto tu historia es parecda a la mia a veces siento que soy adoptiva y me imagina que esa persona en la que confio mucho podria ser esa persona

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