MI EXPERIENCIA PERSONAL DE BULLYING POR SER ADOPTADA

Cuando tenía 9 años mis padres adoptivos me cambiaron de colegio. De un colegio mixto me trasladaron a un colegio de niñas. 

La adaptación al nuevo colegio fue muy difícil para mi. Mi colegio anterior era en una zona campestre, donde disfrutaba mucho estar rodeada de la naturaleza y practicar natación, mi deporte favorito en aquella época. Tenía un grupo de amigos muy agradable, que recuerdo con mucho cariño.

Mi colegio nuevo era en el centro de la ciudad. El lugar era un edificio de ladrillo, de arquitectura de los años 40. El patio de recreo era en cemento, con unas veraneras sembradas en macetas grandes. Me sentía extraña en ese lugar, rodeada de un paisaje donde la naturaleza era escasa.

No me agradó que las niñas criticaban todo de manera destructiva y de mal carácter. Las profesoras criticaban todo el tiempo durante las clases, puesto que pretendía educar niñas perfectas, psicorrígidas y excelentes en todos los aspectos.

Entré en una depresión en este nuevo colegio. No me sentía cómoda con las niñas ni con las profesoras, razón por la cual me refugié en el estudio, la lectura y las artes plásticas.

Mis relaciones con las profesoras y las niñas eran funcionales, centradas en las tareas y quehaceres del colegio.

Me criticaban por ser tímida y no socializar. Desde ese momento quedé etiquetada y dejé de ser persona dentro del colegio. Del mismo modo, también fui etiquetada por mi familia adoptiva disfuncional.

La directora de grupo de la primaria del colegio se reunió con mis padres muy preocupada para decirles que académicamente era excelente pero que no socializaba. Mis padres adoptivos quedaron muy preocupados y me llevaron donde un psicoanalista infantil.

Ellos estaban esperanzados que con las terapias, cambiara mi manera de ser y mi conducta en el colegio. 

Desafortunadamente, el psicoanalista infantil me ofendió por ser adoptada en la tercera sesión de terapia, que ya se sentía en confianza conmigo. 

Me dijo: "-Niña, tú debes sufrir mucho por ser una recogida que nadie quiere. Sabes pequeña: los recogidos son un estorbo para la sociedad. Tus padres biológicos te tiraron y tus padres adoptivos cometieron el error de recogerte. Por esta razón estás aquí en esta terapia. Los adoptados son enfermos mentales que necesitan hacer terapia de por vida. Tú vas a depender de la terapia toda tu vida. Recuerda esto". 

Después de escuchar todo esto, me dio mucho miedo y una rabia incontenible quedó dentro de mi hacia ese psicoanalista. Me preguntaba qué le habrían dicho mis padres en las sesiones privadas a ese "doctor" para que él me dijera eso a los 9 años de edad. Me dio miedo preguntárselo a mis padres porque no sabía qué me podrían hacer, si me abandonarían dejándome en la calle.

Le dije a mi padre adoptivo: "-Papá, no quiero volver donde ese psicoanalista". Mi padre me dijo que no importaba lo que yo pensara, que tenía que ir y punto. Me dijo que necesitaba ir a terapia para que cambiara mi personalidad y no me pareciera a él, en los defectos que le criticaron cuando era niño, pues también lo etiquetaron de ser un niño retraído y muy tímido. 

Seguí yendo a las terapias entre los 9-15 años. Era terrible ir donde ese doctor. Le decía mentiras porque no sentía confianza para hablar sobre lo que me preocupaba. Al no poder confiar ni en mis padres, ni en las profesoras del colegio, ni en el psicoanalista, me refugié en mi misma y confié en mi. En mi interior, se movilizó una fuerza que me permitió sobrevivir a la discriminación, las etiquetas y la falta de adultos que me trataran con amor. Actualmente, a esta fuerza los psicólogos y científicos la llaman resiliencia.

Mi padre me amaba pero era una persona muy insegura y con carencias. Mis abuelos paternos adoptivos que me amaron fallecieron cuando era muy pequeña. Este amor también me ayudó a sobrevivir.

Con mucha dificultad, hice una amiga en la primaria. Ella terminó teniendo problemas de anorexia en la adolescencia, me agredía con comentarios y ponía a otras compañeras en contra mío. Decidí dejar de hablarle. Después me enteré que se fue con sus padres a vivir al exterior.

Era muy difícil tener amistades en el colegio, porque las profesoras imponían un ambiente de competencia para lograr la excelencia académica. Una niña podía ser mi amiga, pero a la vez competía conmigo y siempre estaba comparándose. Era muy incómodas tantas comparaciones. Empecé también a comparar y criticar a los demás, pues esto fue lo que me enseñaron en mi familia adoptiva y también me lo reforzaron en el colegio.

Comencé a hacer comparaciones que sin darme cuenta herían a los demás, sumado a que los demás también me ofendía a mi. Era un ciclo de violencia creado por las mismas profesoras gracias a su método de educación de la excelencia académica. 

Tuve serios problemas con compañeras y la relación con ellas quedó resentida hasta hoy que soy adulta.A pesar que asisto a algunas reuniones de compañeras.

Debido a las comparaciones, en el grupo de compañeras se crearon "parches", es decir bandos en los cuales se aceptaban a unas compañeras y a otras no.

Pertenecí a un "parche", de repente hice comentarios que no le gustaron a la líder del "parche" y terminaron todas las compañeras en contra mio. Se unieron otros parches y terminé con todo el grupo en contra mio.

Hasta la fecha no sé cuál fue mi crimen. Sé que hice comentarios que no agradaron, sé que me tenían envidia por miles de razones, sé que se sentían de otra condición social y económica, sé qué físicamente querían tener un cuerpo como el mio y algunos aspectos de mi manera de ser. A pesar de ésto, me pregunto ¿cuál fue mi crimen?

Terminé siendo víctima de bullying, al lado de dos compañeras más que vivieron el mismo proceso. A una compañera la rechazaron por tener labio paladar hendido operado y debido a esto hablaba según las compañeras como "Miss Piggy". A la otra compañera la rechazaron por ser hiperactiva, muy inteligente, hábil para actuar en teatro y excelente como cantante de la coral del colegio.

Sabía que me envidiaban mucho. Ellas tenían rabia porque no me mostraba afectada por el bullying mientras las otras dos compañeras si lloraban cuando las insultaban y les hacían bromas pesadas.

En mi hogar adoptivo disfuncional, había aprendido a utilizar la ironía y la sátira como mecanismos de defensa personal. Recurrí a ellos y esto detuvo los ataques en el colegio. Entonces la chica psicópata y sus aliadas cambiaron la estrategia de ataque. Empezaron a ningunearme, es decir a ignorarme y a murmurar en voz baja para que no alcanzara a entender lo que decían de mi, cada vez que me tenían cerca. 

En un salón de reunión del colegio, si me sentaba al lado de una compañera, ésta se corría y dejaba toda la banca libre, para que me sintiera incómoda estando sola y sin amigas. No les mostraba importancia y más rabia les daba.

Una compañera intentó golpearme pero la detuve. No volvieron a intentar con violencia física. Criarme con un hogar adoptivo violento me enseñó a pelear con golpes y a defenderme. Sabia que estaba muy sola y que cuidarme dependía de mi y no de mis padres. Ellos trabajaban  y no me brindaban confianza para hablar de lo que sucedía en el colegio. Mi madre noto algo y me dijo que tenia que acostumbrarme al rechazo pues  por ser adoptada no tenia mas alternativas. Me dio la impresión que a ella le alegraba que no me quisieran en el colegio.

Hacían reuniones y fiestas y no me invitaban. En el descanso me dejaban sola. Comía sola mientras leía un libro, o me ponía a hacer un dibujo. Ellas se acercaban y me preguntaban con interés en saber qué estaba leyendo y se morían de la envidia cuando veían mis dibujos. Me di cuenta que sufrían mucho, de manera innecesaria y se los dije, una vez que se acercaron a disculparse por todas las ofensas y el rechazo. Sabía que esas disculpas eran falsas, porque ellas querían verme débil para volver a atacarme.

Cuando me gradué del colegio, no fui a la ceremonia de graduación. Recuerdo que el último día de clases, ellas se despidieron de mi como sabiendo que no me volverían a ver más. Me despedí de ellas de manera hipócrita y me fui a mi casa.

A los meses de graduada, estaba con un novio saliendo de cine cuando me encontré con la chica acosadora (en el pasado había sido una de mis mejores amigas, pero la envidia hacia mi era tanta que me acosó). La acosadora, estaba acompañada de otras dos compañeras, me dijo: "Ana, tú si que eres ingrata. Nos graduamos y no nos llamas, ni nos buscas. Eres una mala amiga". No les respondí nada y me despedí. Noté que se quedaron mirando a mi novio, como queriendo saber detalles de mi vida.

Seis meses después, una compañera regresó a la ciudad en vacaciones y me llamó a informarme que había fallecido la madre de otra compañera. Le agradecí la información sobre el entierro, al cual por supuesto no iba a ir, y le dije que aprovechando su regreso a la ciudad por qué no nos veíamos. Me contestó que si tenía la aprobación de la chica acosadora, nos podíamos ver.

Pasaron los años donde sucedieron experiencias similares. Me hicieron desplantes de pésimo gusto.

Hace un año, volví a ver a algunas compañeras en una reunión. Noté que todas estaban muy interesadas en saber de mi vida y por mi parte, poco quería saber de sus vidas. La acosadora como siempre se mostraba muy amable, hablándome con confianza de cómo era su vida. Llegué a tener la sensación de estar hablando con una mejor amiga, pues esta acosadora sabe generar eso en la gente y por esto es que lidera grupos y acosa. 

La compañera que hace el rol de complementaria de la psicópata, su confidente, no puede disimular que no le agrado. A ella le molesta tenerme cerca y como sé que le molesta, para fastidiarla me acerco y hace un gesto que parece un jadeo de un perro, muy suave, que nadie más escucha sino yo. 

Ella no es capaz de mirarme a los ojos y cuando le hago preguntas de su vida, la noto nerviosa y tensa. 

Ella actúa como complementaria mostrando lo que la psicópata no es capaz de mostrar, porque se disfraza con el papel de "mi mejor amiga". A parte de esta complementaria, hay otra que sigue a esta complementaria. 

Ella puede estar en una reunión al lado mio, pero pone un muro invisible entre ella y yo. Cuando le hablo en la reunión la noto muy resentida y minusvalorada. La verdad es que me da pesar de ellas. Sufren demasiado. 

Han pasado más de 15 años de graduadas y el ambiente de las reuniones de grupo es exactamente el mismo, y la acosadora, complementarias y seguidoras, sufren y no pueden poner fin a este sufrimiento. Las entiendo porque las educaron para ser perfectas, y sólo han tenido frustraciones al enfrentarse a la realidad que no son perfectas sino seres humanos con virtudes y defectos.

Actualmente, la experiencia de bullying la he superado por completo. Me da pesar ver cómo sufre mi acosadora y sus seguidoras. Tienen muchísima necesidad de hacerme desplantes, pero no logran afectarme. Puedo ir a reuniones rara vez sin que me afecte lo que hacen o dicen. Casi no socializo con ellas porque no son mis amigas.

En las reuniones ellas lamentan que la amistad no sea fuerte entre todas las que nos graduamos el mismo año.Critican la educación que recibieron en el colegio y cómo les ha afectado en la vida laboral.

A mi me ayudo en la adolescencia socializar con personas de mi edad que no estudiaban en mi colegio. 

Hice amigos y amigas con los cuales compartí y me divertí muchísimo. Fui a fiestas, reuniones, vacaciones recreativas, clases extracurriculares. 

Recomiendo a quienes padecen bullying que no reduzcan su mundo social al colegio, sino que conozcan otras personas y hagan amigos en otros entornos. 
























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