LA FAMILIA ADOPTIVA DISCAPACITADA PARA AMAR: ENTENDIENDO LA VIOLENCIA EN CASA Y SUS CONSECUENCIAS.

De acuerdo con la psicogenealogía, un adoptado llega a la familia adoptiva a reparar asuntos que afectan al árbol genealógico. 

Es común que en la familia sucedan adopciones en diferentes generaciones, que esta información sea desconocida por las generaciones siguientes o si alguien la conoce, la reserve como un secreto. Lo hacen porque el árbol genealógico está "enfermo", y no pueden aceptar que una adopción es la sanación que necesita ese árbol genealógico.

Para una familia disfuncional es muy molesto reconocer que está enferma, que presenta muchos problemas en varias generaciones y que la única forma de reparar este daño, es ingresando miembros que provienen de otros árboles genealógicos como los adoptados, que en términos de la Psicogenealogía, es para limpiar los programas malos del árbol genealógico.

La reacción inicial más frecuente en estas familias disfuncionales es rechazar a los hijos adoptados, argumentando que dañarán la legitimidad familiar al rebajar la calidad de "la sangre real que corre por sus venas" o "que proviene de cuarto o tercer mundo", inventando toda clase de mitos familiares para justificar ese rechazo cuando un miembro de esa familia decide adoptar. 

Ante el rechazo toda la familia se une mediante lealtades invisibles y van en contra de la pareja que tiene problemas para concebir y que como último recurso decide adoptar. 

Muchas parejas que provienen de este tipo de hogares disfuncionales movilizan influencias con el gobierno, las embajadas y con contactos importantes en las oficinas de adopciones, para lograr obtener el hijo adoptado y lo consiguen, al igual que como se adquiere un buen empleo en una empresa importante a través de influencias, porque es el mismo tipo de proceso de selección falso, corrupto y simulado. 

Esto sigue ocurriendo en el mundo actual a diario y es delicado por tratarse de un menor de edad que supuestamente irá a una "buena familia adoptiva", que goza de la mejor reputación socio-económica, asunto que los psicólogos ni trabajadores sociales de la oficina de adopción ponen en duda, porque su criterio profesional al moverse una influencia no interesa a nadie.

Esta es una de las tantas formas como se legaliza una adopción, y muchos niños van a parar a hogares adoptivos disfuncionales y muy tóxicos, que aunque poseen recursos económicos, no son familias aconsejables para acoger a un niño huérfano, abandonado o dado en adopción.


Aunque cueste creerlo en el siglo XXI mucha gente que pertenece a estas familias disfuncionales en diferentes países, todavía tiene muy arraigadas estas creencias "medievales"  para justificar por qué rechazan la adopción como una forma de filiación familiar, sumado a la discriminación que usualmente padecen los niños huérfanos o abandonados, que se les considera por medio de prejuicios que tienen un origen "malo de fábrica" o que "quedaron mal hechos por sus padres biológicos", "que sus genes son malos", que son "niños traumatizados para toda la vida, que no tienen arreglo", etc.

Lo que en realidad están haciendo estas familias es reflejando lo malo que tienen ellas en el adoptado, descargando en el adoptado todas sus miserias y el adoptado, que es un niño indefenso e inocente les ha creído todas estas mentiras y prejuicios, expresados en forma de mitos familiares. 

El adoptado no es quien tiene malos los genes, los tiene la familia disfuncional donde sus miembros en varias generaciones son violentos y problemáticos por genética y por comportamientos aprendidos. Los padres biológicos no hicieron "mal hecho" un bebé, tuvieron un hijo cuya salud e inteligencia depende también de factores medioambientales, al igual que cualquier niño que se procrea en este planeta y que no ha sido adoptado.


En las familias adoptivas disfuncionales, el adoptado llega a reparar todo el daño que esa familia se ha hecho. Su misión en la vida es mostrarle a esa familia que sufre que hay otra forma de vivir y es amando de verdad. 

Un adoptado llega a enseñar a amar, a dar amor de forma desbordada, pero cuando la familia tiene limitada la capacidad de amar, o una discapacidad para amar, no puede recibir todo ese amor que el adoptado llega a darle. Entonces comienzan los problemas de convivencia entre los adoptantes y el adoptado, donde los adoptantes, que están limitados justifican su limitación en el adoptado, por miedo a reconocer que no pueden amar a nadie, ni siquiera a ellos mismos.


Una familia adoptiva disfuncional sufre muchísimo porque está incapacitada para amar, además que sus miembros no conocen formas respetuosas ni pacíficas de relacionarse. No aprendieron a ser empáticos, es decir a comprender los sentimientos y emociones de los demás y no pueden aprenderlo por su discapacidad.

La discapacidad de amar es parecida a la discapacidad física. Por ejemplo, si naces ciego no hay forma que puedas ver ni haciendo cirugías utilizando alta tecnología, sino que tienes que aprender a vivir como ciego y desarrollar otros sentidos que compensen la falta de visión.

En la discapacidad amorosa, las personas que la padecen se adaptan para convivir con su entorno mediante conductas compensatorias: chantaje emocional, acoso moral, narcisismo, agresión sexual, contactos físicos inapropiados, conductas adictivas, conductas sado-masoquistas, son algunos ejemplos. A través de estas conductas es la única manera cómo los discapacitados amorosos se pueden relacionar con los demás, entre ellos con el adoptado.

A los discapacitados amorosos no les sirve para cambiar sus conductas ir al psicólogo ni al psiquiatra, aunque hay especialistas de la salud que son optimistas, y creen que haciendo algunos cambios en su estructura psíquica, estas personas pueden amar, pero esto son sólo ilusiones de profesionales que no aceptan esta discapacidad, porque algo sucede en sus vidas personales, que no les permite aceptarlo y bueno, ese ya es su problema personal.

Los discapacitados amorosos nacen así, como los ciegos de nacimiento, o como la persona que nació sin manos, que podrá utilizar una prótesis, pero nunca será una mano de carne y hueso de verdad.

La discapacidad amorosa es hereditaria y según la Psicogenealogía, forma parte de los programas y proyectos sentidos de las personas que la padecen dentro de una familia.

Generación tras generación repiten el modelo disfuncional-violento y lo hacen de manera no consciente. Incluso, algunas de estas familias consideran que ciertos comportamientos violentos les dan un sentido de pertenencia y filiación a ese grupo familiar. 

Son relaciones de familia confusas, donde pueden existir normas de amor-odio. Por ejemplo, al saludar dar una cachetada fuerte y el golpe es más fuerte según la cantidad de tiempo que no se han visto. Otro ejemplo, dar felicitaciones y a la vez insultar por el logro alcanzado y por el cual se le felicitó.

Según el doctor Ernesto Lammoglia, en su libro "La violencia está en casa. Agresión doméstica", la violencia en los hogares es física y existe una "violencia subterránea" que genera desgaste psicológico a la víctima de manera devastadora.

En los casos familias adoptivas disfuncionales donde violencia subterránea es "normal" como forma de relacionarse, el adoptado también aprende a relacionarse utilizando la violencia y los programas disfuncionales adoptivos, para poder sobrevivir e intentar hacerse un lugar dentro de esta familia. 

Si la violencia del adoptado desde el punto de vista del grupo familiar se excede, los miembros más fuertes de la familia, que son sádicos mentales o perversos, se tornan más violentos y los mas débiles como testigos mudos, simplemente que observan los ataques violentos pues consideran que es una pelea sin importancia y que se trata de entender que el adoptado la causó porque es traumatizado.

Este pensamiento de los testigos mudos, hace que el adoptado se sienta culpable del conflicto familiar y de todos sus problemas debido a su trauma y reafirme ese sentimiento de culpa para el resto de su vida. Es decir que termina traumatizando su propio trauma sin percatarse. Se sabotea a si mismo y se ancla en su propio sabotaje personal.

Para Lammoglia, en una familia dominada por un sádico mental,  los ataques violentos aparentan ser algo completamente normal y ante los ojos de externos, pueden aparentar ser una "bonita familia" de buenas costumbres y de cuya reputación jamás se dudaría. Y esto es lo que hace que una trabajadora social o una psicóloga que no saben de criminología ni nada de psicología de la violencia, entreguen a un niño inocente a una familia adoptiva violenta, que no es detectada en la selección de los adoptantes ni siquiera en el seguimiento de post-adopcion.

Estas aparentes "bonitas familias adoptivas", desestabilizan al adoptado por medio de la violencia silenciosa y que pasa desapercibida por el entorno, que considera son padres ejemplares e ideales para el adoptado, donde el adoptado es "un hijo-problema".

El adoptado sufre en silencio, padeciendo ataques de pánico y hasta problemas de salud inmunológicos, endocrinos, vasculares o cardíacos. 

Para sobrevivir en ese hogar disfuncional, el adoptado asume que no puede actuar ni defenderse y aprende con el tiempo a ser indefenso, muy inocente, sumiso y a controlarse para que no le hagan sentir que es quien inicia el conflicto con su familia, por su supuesto trauma de adopción.

Por su salud, el adoptado adulto criado en un hogar adoptivo disfuncional se distancia de esta familia y en muchos casos,  evita cualquier contacto con su familia adoptiva, mudándose a otra ciudad o país, para rehacer su vida en paz.

Otros adoptados  se casan y forman su propio hogar, como una manera de distanciarse del hogar adoptivo, además de poner una medida cautelar a la familia adoptiva para evitar cualquier intento de acercamiento, lo cual les facilita continuar viviendo en la misma ciudad que vive la familia adoptiva.

En otros casos, el rechazo de la familia adoptiva es tan fuerte, que la misma familia aísla socialmente al adoptado adulto y éste debe huir, pues lo someten a un ostracismo al estilo de la antigua Grecia, dándole la orden que debe desaparecer de la vista de todos los que conforman el grupo adoptivo y personas del entorno con las cuales este grupo socializa. Con la huida del adoptado, la familia adoptiva se asegura la exclusión definitiva del adoptado de la familia. Esto permanecerá para generaciones futuras como un secreto de familia, que nadie de esa generación puede revelar. El líder de familia envía un mensaje de control al grupo adoptivo: "No adopten, esto es malo y peligroso para nuestra supervivencia como familia". Ningún miembro se cuestiona y todos acatan esta orden como un dogma de fe ciega. Este mensaje de prohibir la adopción se inserta en la memoria de esa familia para siempre y si alguien de la familia adoptiva de una generación futura, piensa adoptar entonces la familia reacciona con reticencia a modo de proteger su supervivencia.

Algunas familias adoptivas disfuncionales, le dan al adoptado mayor de edad una herencia en vida, para que con esos bienes puedan sostenerse y así no vuelvan a buscar jamás a la familia adoptiva. 

Son familias disfuncionales que les pesa en su conciencia dejar desamparado económicamente al adoptado (ya adulto) que nunca pudieron amar, pero al considerar que la adopción es "una obra de caridad con un recogido", se sienten responsables de lo que pase económicamente con él, más no porque lo amen.

Este tipo de familias discapacitadas para amar consideran que sus miembros son objetos (máquinas) que deben proveer económicamente y no les interesa nada más que producir dinero.
Se valora a las personas por la cantidad de dinero y la prosperidad económica que logren y quienes no lo logran son fracasados y se los maltrata por esto.

Subsisten como una empresa familiar cuya actividad económica es su motivo para continuar en relación y consideran que si el adoptado sigue dentro de la familia, lo único que traerá son desgracias económicas y materiales de todo tipo. Al excluir al adoptado, se libran de todos estos males con los que fantasean.

Creen con devoción que fueron la familia indicada para el adoptado, pero que éste por "su trauma" no era apto para estar en la familia, que es "un malagradecido" porque no valoró todo lo material y los lujos económicos que le brindaron, que para ellos es su máximo tesoro y su forma de expresar un falso afecto. 

Con el adoptado se muestran amables y sonrientes, y argumentan que sus regalos al adoptado son lujosos y dadivosos por todo el amor que sienten por él. El adoptado crece muy confundido, no se siente amado ni respetado, pero al recibir tantos regalos materiales duda si eso que recibe es amor o no. 

Trata de complacer a su familia adoptiva para mostrar gratitud por los regalos, pero su familia se justifica que es "malagradecido" al ser traumatizado por naturaleza y este prejuicio es prácticamente un valor moral familiar, que no cambia, por lo tanto, lo mejor para el adoptado adulto es salir de este sistema de familia, formar su hogar y poner a producir los bienes que heredó de la familia adoptiva.

En conclusión, a un adoptado adulto que le ha tocado crecer en una familia adoptiva disfuncional le hacen un favor cuando lo excluyen de la familia o cuando por tantos problemas, el adoptado toma la decisión personal de alejarse definitivamente de esa familia, se hace un bien a él mismo. 

¿Por qué le hacen un favor, un bien? Para el adoptado adulto no es saludable pertenecer a este tipo de familias, es más indicado que construya su propia familia, donde estará más a gusto y con el tiempo y ayuda psicológica y religiosa o espiritual, podrá sanar todo el maltrato o la violencia subterránea, de la cual fue objeto.

Una familia discapacitada no puede ofrecerle nada a un adoptado adulto, insistir en esto, es un desgaste energético para un adoptado y entre más tiempo el adoptado permanezca con este grupo, más daño se hará, más se saboteará a si mismo y más sufrirá. 

Este sufrimiento se debe detener, alejándose y cortando todo contacto con esa familia o aprendiendo a agradecer que lo hayan excluido de esa familia tóxica. 

En algunos artículos del Blog, que publicaré acerca de la recuperación podrán encontrar cómo los adoptados podemos detener el sufrimiento para sanar y continuar nuestra vida de forma saludable.

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