NO SÉ SI SOY ADOPTADO, PERO TENGO EL PRESENTIMIENTO QUE SI.

Para un psicólogo es frecuente escuchar de sus consultantes que están preocupados porque tienen el presentimiento que son adoptados, que los han hecho sentir como si viniesen de otra familia biológica y no de su familia biológica real con la cual se han criado.

Existen padres y madres que no aman a sus hijos biológicos y no son capaces de ser sinceros con ellos, entonces crean mitos familiares diciéndole al hijo no amado que fue recogido o abandonado por su familia biológica. Es común que entre un grupo de hermanos, se seleccione uno que sirva de chivo expiatorio bajo el rótulo del "recogido", "arrimado" o "el adoptado".

Las familias biológicas que no aman a sus miembros construyen historias muy elaboradas que confunden aún más al hijo pequeño, mencionando los nombres de los supuestos padres biológicos, lugares  y datos exactos acerca del nacimiento, dentro de su narración para que la información parezca real y confiable ante el crío inocente que escucha.

El niño no alcanza a comprender la magnitud de toda esa información que dan sus padres biológicos. Siente en lo profundo de su corazón que no es amado, pero para sobrevivir lo niega porque es un dolor inconsolable y muy duro de asimilar a una edad tan temprana. 

Normalmente este sufrimiento se procesa cuando ya es adulto, que puede comprender a sus padres, que estaban incapacitados para amarlo y esto lo hacen con la ayuda terapéutica, que la buscan a causa de una depresión profunda, intentos de suicidio, trastorno de ansiedad, trastornos alimenticios, por ejemplo. 

No llegan a una consulta psicológica teniendo claro el motivo de la visita, saben que están tristes, que hay problemas familiares, pero no identifican que es por no ser amados.

Ante la herida de no ser amados, la reacción de supervivencia de cualquier ser humano es la negación.

Si el psicólogo fuera directo y le dijera: "La realidad es que tus padres no te aman", lo más probable es que el consultante se vaya enojado y no regrese a buscar ayuda, sienta desconfianza y prefiera no intentar ninguna otra terapia con otro psicólogo.

El psicólogo por eso tiene que trabajar en el proceso psicoterapéutico esa actitud de negación, respetando el proceso personal del consultante hasta que en la relación de ayuda el consultante descubra y acepte su propia verdad y haga un insight diciéndose a si mismo "Nunca me amaron y no pueden ni podrán hacerlo".

El adulto entiende la verdad que hay detrás de esa historia de adopción inventada, comienza a desbloquear los recuerdos, tiene pesadillas al dormir y también puede sentir el dolor  de no ser amado  a través de enfermedades o síntomas psicosomáticos.

Visita al médico, al psicólogo, al fisioterapeuta, al homeópata o al nutricionista, tratando de entender que ocurre consigo mismo y con su cuerpo. 

El adulto no adoptado que creció con la sensación de ser adoptado, por las historias inventadas de sus familiares, vive un proceso de duelo por los padres deseados que nunca tuvo y que no va a poder tener, por los padres reales que no lo amar. Este primer duelo le permite aceptar que fue rechazado, negado y odiado. 

Es un duelo que exige muchísima resiliencia de parte de la persona que lo vivencia, porque las etapas que debe superar del duelo implican grandes retos: encontrarse consigo mismo espiritualmente y reflexionar sobre su existencia y el sentido de su vida, tomar decisiones trascendentales en su vida de manera proactiva, tener mucho positivismo con la esperanza que vendrán mejores oportunidades en la vida. 

Todo esto implica muchos deseos de superación personal y también de cortar con ese "cordón umbilical" que lo ata a esos padres que no aman, frente a los que existe muchos apegos, muchos de ellos inconscientes. 

Esos apegos son los que hacen que siendo adulto permita que lo ofendan, lo critiquen o maltraten, y que quiera perpetuar una relación no saludable con sus padres, que no van a cambiar ni van a dar amor jamás.

También vive otro duelo por la persona que quiso ser y no es, pues guardaba el anhelo de haber sido adoptado de verdad, con la esperanza de venir de otro hogar biológico, que hubiera sido el ideal. Imagina que este hogar biológico le hubiera facilitado tener unos padres que aunque dieron a sus hijos, al entregarlos lo hicieron por amor, pensando en que estaría mejor en otro hogar adoptivo, recibiendo lo que ellos no podían darle. 

Toda esa historia de adopción que sus padres inventaron se derrumba en la adultez, pues el adulto reconoce su identidad real como persona jamás adoptada, destruyendo su falso self. Se deprime porque no se conoce a si mismo, no sabe quién es en realidad, lo cual le produce miedo, tristeza, rabia y mucha ansiedad. 

Estos sentimientos el cuerpo del adulto los resuelve a través de las enfermedades, y por eso es importante buscar ayuda médica y psicológica, que de soporte durante todo el proceso de duelo hasta su resolución definitiva.

Pero también puede ocurrir que el adulto no adoptado que creía serlo, no elabore esta herida y la niegue por el resto de su vida, justificando su depresión en miles de razones que no resuelve ni le interesa solucionar para sentirse mejor. No busca ninguna ayuda pues no cree que la necesite ni tampoco le interesa entender lo que sucede con su familia a merced del trato recibido como "hijo adoptivo o recogido".

Puede pasar que esta persona sea muy agresiva y se descargue con los demás a diario, porque se identifica con un modelo agresivo aprendido en su hogar, donde no hay otra forma válida conocida por él para relacionarse con otros.

Comentarios

Anónimo dijo…
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