COMPRENDIENDO LA HISTORIA DE MI ABANDONO


Mi madre biológica era una mujer que tenia muchos problemas en su vida personal, quedo embarazada de un hombre casado, mi padre biológico. Estuvo muy sola con su embarazo y yo me alimenté dentro de su vientre de su soledad, de su abandono por parte de su familia y de parte de mi padre biológico, de su tristeza profunda, de su vacío afectivo, de sus miedos, de sus rabias, de su desesperanza y de su ansiedad. Fueron nueve meses que estuve en su vientre donde sentí todo esto que ella sentía y que pude recordarlo por medio del registro de mis sueños.

Mi primer sentimiento de abandono en realidad surgió estando en su vientre, pues ella se sentía abandonada. Sin darme cuenta desde la vida intrauterina me convertí en testigo de su sufrimiento y por amor y lealtad a ella, me cargué todo ese sufrimiento de ella que no me correspondía y que lo pude entender a través de la terapia de Constelaciones familiares. Desde antes de nacer me sentía muy triste y herida sin saber el motivo.

El segundo sentimiento de abandono fue cuando mi madre falleció a los días de darme a luz de una cardiopatía. He tenido sueños donde me angustio mucho cuando retiran el cuerpo sin vida de mi madre de mi lado, lo cubren con una manta blanca y me quedo sola llorando rodeada de gente extraña, que trata de calmarme.

Después mi padre biológico decide darme en adopción porque él tiene su hogar con otra mujer y dos hijos. El toma esa decisión sintiéndose juzgado por la sociedad y esa decisión le causa mucha culpa. El se sintió muy incomprendido porque tuvo que tomar solo esa decisión pensando en lo que seria la suerte de mi vida y mi futuro. Está incómodo por no haberme podido dar un lugar dentro de su familia y trata de compensarlo buscándome otra familia, arriesgándose con unos desconocidos, confiando en que lo harían bien al adoptarme. Sin darme cuenta, cargué dentro de mi mochila estos sentimientos de culpa, incomprensión, angustia e inseguridad de mi padre biológico, sumado a todo lo que me produjo haber sido abandonada, que era demasiado para una bebe recién nacida de menos de una semana de vida.

Tenía hermanos por parte de mi padre que estaban creciendo sin saber de mi existencia. Era para ellos un secreto de familia bien guardado y crecí con la necesidad que este secreto fuese revelado algún día en la familia biológica.

Tomé conciencia del rechazo de mi madrastra y de la rabia que esto me produjo siendo recién nacida. Esto lo recordé en otro sueño y lo registré. A causa del hogar que mi padre tenía con otra mujer, yo tenia que salir de esa familia. Me negaron el derecho de pertenecer, asunto que viví como un abandono de gran magnitud y que me afectó a lo largo de mi vida para tener sentido de pertenencia a grupos, instituciones, empresas y hasta a la familia adoptiva.

Llego al hogar de acogida, donde me dan cariño y a la vez hay una distancia afectiva conmigo. Después deciden adoptarme y cambia un poco esta relación pero siento el miedo de mis padres de tenerme que regresar al orfanato del Estado sino no les dan la adopción. Vivo este tiempo de incertidumbre con angustia por otro posible abandono que se refleja en un síntoma físico de una eruptiva en la piel de mis brazos y piernas, que el pediatra diagnosticó que era por estrés y solo soy una bebe de 8 meses.

Casi al año les dan la adopción plena a mis padres adoptivos y se define una relación afectiva muy ambivalente, donde mis padres están muy asustados si llegaran a perderme porque la adopción fue difícil. Mi padre biológico estaba arrepentido pero finalmente no se volvió a presentar en el Juzgado de Menores, lo cual les dio tranquilidad a mis padres adoptivos de seguir con el proceso.  

Tanto mi padre biológico como mis padres adoptivos me transmiten muchos de sus miedos, que yo introduzco en mi pesada mochila y los transformo en inseguridades mías, una vez terminó el proceso de adopción.

Mis padres adoptivos contratan diferentes nanas y las cambian para que no se encariñen conmigo. Mi madre adoptiva confabula en su cabeza un posible robo de bebé adoptado y mi padre adoptivo le sigue su juego psiquiátrico para evitar que lo agreda mi madre.

Algunas nanas son cariñosas y me duele perderles cuando se van. Cuando tenía dos años, se enfermó una nana. Estaba anciana y se fue varios días a su casa. Recuerdo que lloré como si se hubiera muerto y no estuve tranquila hasta que no regresó a trabajar.

No tuve una relación de apego con mi madre adoptiva, ella trabajaba todo el tiempo y consideraba que la nana era la persona indicada para que me criara e hiciera lo que ella como mamá no iba a hacer. Ella se consideraba una profesional prestigiosa, que no se iba a sentir inferior como mujer si llegase a cambiar un pañal, dar un tetero, etc. Este hecho lo viví también como un abandono a pesar que cuando estuve mayor mi madre me explicaba lo importante que era para ella su identidad como profesional con estudios de doctorado. Mi padre adoptivo en cambio si tenía tiempo para mi, y el apego en realidad lo hice con él. Más que un padre adoptivo, fue la madre adoptiva que no pude tener y quise a mi padre también como a una madre.

Entre los 2-6 años, mi madre contrató una niñera, una mujer que la había abandonado su marido, un marinero que tenía un hogar en otro país y la dejó con una hija recién nacida. No sé si fue por casualidad, pero esta nana tenia la misma historia de vida de mi madre biológica.

Esta niñera maltrataba a su hija y era la copia exacta de mi madre adoptiva. La recuerdo como una mujer muy infeliz, irritable, neurótica e impaciente. Me prohibió jugar con mis muñecas, ojear mis libros de cuentos y me embutía la comida como si fuera una máquina. Vomitaba, porque me metían la comida con una cuchara a la fuerza y era muy estresante comer. La nana sentía la misma angustia desproporcionada de mi madre porque no comía y no lo hacía por todo el estrés que implicaba estar estar en relación con estos dos monstruos enfermos psiquiátricos y maltratadores. Entre las dos me crearon un trastorno alimenticio que lo tuve entre el 1 a los 10 años de edad y que fue el motivo por el cual fui muchas veces donde el pediatra, al psiquiatra y al psicólogo.

Regresando al tema de la niñera, ella se masturbaba delante mio todas las noches. Tenia un ritual sexual que practicaba con rigurosidad en presencia mía hasta que se sintió en confianza para abusar de mi varias veces. Finalizaba su ritual arrojándome por las escaleras y golpeándome con brutalidad. Y me dejo claro desde el principio que todo esto debía reservarlo como un secreto, sino me mataría. Temblé del terror con sus amenazas y permanecí en silenció hasta los 6 años, que obligué a mis padres adoptivos que pusieran un denuncio penal a la niñera. Los amenacé si no lo hacían, diciéndoles que me fugaría de la casa e iría directo a la policía a decirles todo lo que me hacían en ese hogar adoptivo. 

Esto fue suficiente para que terminaran denunciando a la niñera y ganando la demanda. Fue un desgaste para mi tener que comportarme como adulta siendo una cría de 6 años, pero que podía hacer si mi madre era una enferme psiquiátrica y mi padre una persona sumisa a mi madre. Ambos parecían un par de niños inseguros, y sobre mis hombros sentí el peso de tener que tomar decisiones y desarrollar carácter desde muy pequeña. Cuando mis padres vieron que estaban perdiendo autoridad, me tuvieron mucho miedo. Allí comenzaron los peores insultos y humillaciones respecto a mi personalidad y me transformé en una persona insegura, miedosa y con baja autoestima. Mi padre adoptivo describía este hecho como: "ella era alegre, cariñosa y comunicativa, y de repente, nunca supe qué paso, pero se volvió retraída, hablaba poco y en voz muy baja, nerviosa".

De todo esto que me hicieron en los primeros 6 años de mi vida no recuerdo que me hayan dolido los golpes ni los estímulos sexuales. Solo se que pasó y tengo muy nítidos en mi memoria estos recuerdos y curiosamente nunca me ha molestado hablar de esto, y lo hago también porque el abuso sexual de parte de mujeres maltratadoras es más frecuente de lo que parece. 

En la literatura psicológica se encuentra poca información sobre mujeres abusadoras por ese mito social que la mujer es sagrada y madre venerada. Jamás se borraron esos recuerdos y me han acompañado toda mi vida. Sumado a esto, mi madre adoptiva hacia lo mismo que la niñera, luego  crecí creyendo que eso era normal que lo hiciera una madre y una nana, hasta que pude comparar que mi mejor amiga de infancia no hacía esas cosas horribles ni con su mamá ni con su nana. Al notar que en mi caso era diferente, en mi mente de niña algo me decía que tenía que ir con la Policía. Aun así sabia que debía guardarles el secreto a ambas y sufrir en silencio como sucede en cualquier abuso. Mi madre denunció a la niñera pero nunca pude denunciar a mi madre, ni siquiera siendo adulta, por ser una psicópata no dejó rastros ni pruebas, ella era muy inteligente y se cuidaba en sus actos de crueldad hacia la gente.

"Otro caso de abandono se da cuando los padres dejan al niño en manos de una nana de la cual no saben nada.
 Ni siquiera se detienen a pensar que la muchacha a quién están contratando 
para que sustituya a su madre puede ser violenta o abusar de los niños, 
lo que les importa es que alguien más se encargue de ellos".
 Cita tomada de ERNESTO LAMMOGLIA. 
El daño que hacemos a nuestros hijos. Crecimiento emocional y autoestima.

Antes de los 6 años con motivo al abuso y al maltrato, experimenté el siguiente abandono que fue conmigo misma. Me disocié para protegerme de todo lo que me hacia mi madre, la familia adoptiva materna y la nana, y no sentir nada. Mi madre me insultaba diciéndome que era una psicópata, fría como un témpano de hielo y muy calculadora en todos mis movimientos, que era un monstruo porque le impresionaba que no mostraba sentimientos, que no sonreía y que no me importaba lo que pasara a mi alrededor. Estas actitudes mías la irritaban demasiado y le hacían perder el control. Mi padre intervenía para defenderme, y luego se sentaba conmigo en privado a explicarme que a mi madre no debía provocarla y de paso a adoctrinarme para que fuera sumisa igual que él, y permitiera todos los abusos de parte de mi madre.

A los 10 años falleció mi abuela paterna y a los 14 mi abuelo paterno. A los 17 años, mi padre adoptivo también murió y me quedé sin familia amorosa, que para mi era equivalente a no tener familia y volver a definirme como persona huérfana, reviendo la herida primaria de abandono de parte de mi familia biológica. Estos fallecimientos los viví como otros abandonos, con gran dolor y fueron duelos que me tomaron más del tiempo normal que le toma a una persona que no ha sido adoptada.

Paso el tiempo y después de haber tenido un intento de suicidio a los 19 años, comencé a rescatarme a mi misma, a no abandonarme y cuidarme y me he pasado la mitad de la vida recuperándome de todo este historial de abandono.

Hoy ya he dejado atrás todo esto y solo quiero compartir mi experiencia de vida como un testimonio y esperando ayudar a otros adoptados que viven o vivieron situaciones similares en la infancia con la familia adoptiva, para comunicar que no importa lo que se haya vivido, se puede superar y rehacer una vida feliz y llena de oportunidades.

El adoptado se reconstruye como persona desde la resiliencia, desde el amor propio y desde el autocuidado. Las heridas del abandono, el maltrato y el abuso no lo definen como persona, esto se puede resignificar en el presente y cada adoptado encuentra en su interior la forma de hacerlo. 

He conocido adoptados que han vivido historias similares a la mía y también se han recuperado en la adultez. Tienen sus hogares, su trabajo y una vida muy interesante por compartir, y son ejemplos de resiliencia también.















Comentarios

John M dijo…
hola amiga,,,, guau,,, uffff, que experiencia tan fuerte, pudiste desentrañar todo esa maraña, es admirable y digno de reconocer, tal cual como dices, la prueba de los adoptados es reconocerse así mismo, valorarse, amarse, respetarse, quererse, poniendo limites sin titubeos, ni contemplaciones... es lo que he aplicado desde mi experiencia...te felicito....

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