EL HIJO DESEADO. ¿DESEADO PARA QUÉ?


"Se habla mucho de la importancia de haber sido un niño “deseado”. La mayoría de los padres alegará que sus hijos si fueron deseados, lo que hay que preguntar es: ¿deseados para qué?". Citado de LAMMOGLIA, Ernesto. El daño que hacemos a nuestros hijos. Crecimiento emocional y autoestima.

El hijo adoptivo es también un factor de riesgo cuando los padres que deciden adoptar están tratando de cumplir una fantasía muy personal.  El niño, generalmente no cumple sus expectativas, y esto genera  una bomba de tiempo donde en algún momento estallará con una potencia de bomba atómica causando daños inmensos y de mucho sufrimiento para la familia adoptiva.

He escuchado a padres adoptivos que dicen que adoptan para hacer una obra de caridad, que adoptan para tener un sirviente en casa y un enfermero para la vejez, o que adoptan un niño con necesidad especial para que su hijo biológico entienda que es convivir con niños diferentes, o incluso para reemplazar a ese hijo que falleció de una penosa enfermedad o en un accidente traumático y llenar su vacío afectivo. También he visto los casos de adopciones, donde la expectativa de los adoptantes es darle una vida mejor al niño en un país desarrollado, y podría hacer una lista inmensa de expectativas que escucho con frecuencia porque hay millones por el estilo...

Entonces algo que es bueno preguntarse, deseo un hijo adoptado para qué? y cómo hacer para que esas expectativas no causen sufrimiento a la familia ni al hijo que se adopta?

Por otro lado ahora en los procesos de adopción en algunos países, los padres que entregan sus hijos están escribiendo cartas para sus hijos expresando los motivos por los cuales consideran que es mejor la adopción en su caso, y estas cartas están llenas de expectativas que los padres biológicos no pueden o no creen que puedan cumplir. Esto usualmente lo ven como un acto de amor quienes tramitan las adopciones, como una buena intención. Y si es verdad que las expectativas están llenas de buenas intenciones de parte de quien las tiene, la cuestión es que hay que aterrizar más a la realidad de para qué se desea un hijo.

Las expectativas tienden a elevar ideales inalcanzables y poco reales. Un niño no necesita de eso, necesita que sus necesidades sean satisfechas. Un niño necesita amor, protección, salud, educación, bienestar y todo lo que se ha consignado en la Declaración de los Derechos del Niño, que la tienen la mayoría de los países que han actualizado sus leyes reconociendo los derechos de la infancia.

Recomiendo revisar la legislación de la infancia a los futuros padres y a los que ya son padres, es una excelente idea para reflexionar acerca de para qué deseamos un hijo. También si estamos tratando de satisfacer nuestras necesidades frustradas o en realidad pensamos que un hijo está llegando a nuestras vidas para que nosotros como padres podamos brindarle lo que necesita.

Muchos niños están creciendo con el sentimiento de indiferencia de parte de sus padres, que desconocen sus necesidades básicas y que no se informan de la legislación vigente de la infancia, ni acerca de cómo ha evolucionado la sociedad acerca de las necesidades fundamentales que tienen los niños. La psicología ha estudiado que este sentimiento de indiferencia causa depresión en los niños, y algunos autores aseguran que es un tipo de violencia pasiva inconsciente.

Evolucionamos de una civilización humana que generaciones atrás únicamente valoraba la adultez y a los ancianos. Esto se sigue observando en comunidades milenarias que conservan sus tradiciones, donde los ancianos son sabios y los más respetados. Pero la sociedad evolucionó y comenzó a darle mucha importancia a los niños, a reconocer la etapa de la infancia como parte importante dentro de la civilización.

Se empezaron a diseñar jardines infantiles y espacios de juego para los niños en lugares pensados para adultos, por ejemplo y con ésto también apareció simultáneamente la legislación sobre la infancia.

Y con esto se modificó el pensamiento donde los adultos ya no piensa sólo en ellos, sino en los niños, en esos hijos que tienen. Pero como todavía quedan rastros de esas viejas estructuras de pensamiento en los adultos, que siguen esas expectativas desde la mente de los padres, y por eso tantos problemas con padres que sólo piensan en ellos y ni cuenta se dan que lo están haciendo, y el hijo a futuro termina reflejando el problema que tienen esos padres.

Los padres no tienen la culpa, su estructura de pensamiento es el producto de una sociedad que está cambiando, y no es fácil comenzar a pensar en las necesidades de los hijos si se los ha educado para que piensen solo en ellos como adultos.

Cuando entendamos que un hijo se desea para satisfacer sus necesidades y no las nuestras como adultos, podemos dar un paso interesante en relación con los niños y en general con la relación familiar.


































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