ADOPTADO ADULTO QUE PERDONA LO IMPERDONABLE

La historia de vida de un adoptado es una novela de la vida real, muy complicada de comprender incluso cuando ya se es adulto como es mi caso.

No tuve problemas de aprendizaje a pesar de todo lo que me sucedió en el hogar adoptivo y aun así fue muy difícil entender y aceptar todo lo que he vivido como persona excluida de mi familia biológica y como adoptada, también marginada de la familia adoptiva. Si se afectó mucho mi salud física y psicológica, por eso el proceso de recuperación de mi salud ha sido muy largo y a la fecha ya me ha tomado la mitad de mi tiempo de vida, alrededor de 15 años.

Durante alrededor de 12 años me tomé mucho tiempo para entender y buscar las explicaciones más razonables a todo lo que sucedió con mi familia biológica y adoptiva.

Sentía que hasta que no encontrara la respuestas a mis preguntas existenciales acerca de ambas familias no iba a poder vivir tranquila. 

Me angustiaba no entender nada y era demasiada información tan fuerte a nivel emocional que no la podía asimilar toda al mismo tiempo. Por ese motivo tuve una gastritis crónica, que mientras estuve muy disociada de mi cuerpo no me incomodaba pero apenas tomé conciencia de la disociación y hubo un poco de mas conexión conmigo misma, pude sentir esa sensación tan insoportable de ardor en la boca del estómago. 

Consulte un psicólogo que me ayudó a encontrar explicaciones a todo lo que me había sucedido. Por las noches comencé a tener pesadillas que me hicieron recordar muchas que había bloqueado en mi mente para protegerme y sobrevivir. La gastritis acompañaba a mis pesadillas y terminé teniendo un trastorno al inicio del sueño. Me daba pánico dormirme, desconectarme para poder descansar porque el contenido de las pesadillas me afectaba demasiado.

Busqué ayuda de parte de varios psicólogos y cada uno me fue ayudando en lo que podía para orientar mi reflexión profunda acerca de todo lo que pasó hasta que pude aceptar mi vida tal como me fue dada y todo lo que viví.

Acepté a mis padres biológicos y también a los adoptivos. Estaba mas tranquila aceptándolos sin juzgarlos. Les escribí cartas que nunca las entregué, fue un ejercicio que hice conmigo misma, donde les expresaba como me sentía con todo lo que había pasado, con mi dolor por el abandono, por el maltrato y por la exclusión familiar. Hubo un momento mientras reflexionaba sobre toda mi vida, que sentí empatía por la situación de mis padres biológicos y adoptivos, que pude ponerme en su lugar y parada ahí entendí muchas cosas.

Me tranquilicé y noté que podía hablar de mi adopción con más calma sin que se me salieran las lagrimas y sin que me provocara alejarme de alguien cuando me tocaban el tema.

Por eso entiendo a los adoptados cuando evitamos hablar o evadimos el tema y esto es algo que a las familias adoptivas les cuesta comprender. Y esto todavía pasa cuando ya uno es adulto, no sólo es en la infancia, porque la adopción es un tema que toca las fibras emocionales más internas de un ser humano, de una manera que  no creo que pueda existir otra vivencia similar entre la gente que no fue adoptada. Es algo único en la adopción y los adoptados que me leen saben a qué me refiero.

Continuando con mi historia...
Paso el tiempo, sentí que no era suficiente con aceptar a mis padres como ellos eran y lo que había ocurrido. Sabia que tenía que llegar el día que pudiera perdonar todo lo que viví y hasta perdonarme a mi misma muchas cosas después de tanto dolor. Mi problema en ese momento era no saber cómo hacer un proceso de perdón conmigo misma ni con mi pasado.

Me contacté con una colega psicóloga que trabajaba el tema del perdón desde la psicología transpersonal, que es el enfoque de la trascendencia a nivel espiritual y que propone planteamientos que a mi en lo personal siempre me han parecido interesantes. Con esta colega hice un intercambio de conocimientos  y de compartir bibliografía. Leí muchísimo, me contacté con personas en foros donde se debatía el tema del perdón. Todo esto me dio las herramientas para tener una idea de cómo perdonar y hacerlo de tal forma que pudiera liberarme de todo la carga de mi pesada mochila del pasado.

Un amigo psicólogo me envió un poema al mail acerca que cuando no se perdona se lleva atado un grillete al pie. Este fue el mensaje que mas resonó en mi interior pues tenía la sensación física de tener los pies muy pesados, con espasmos que me dolían y me impedían caminar. Tuve en realidad una fascitis plantar. Hice fisioterapia para sobrellevar ese síntoma de mis pies, pero el problema de base seguía dentro de mi y era que no había perdonado.

Decidí escribirme cartas a mi misma perdonándome y compartiéndolas al leerlas en voz alta en un grupo terapéutico de duelo. Lo hice muchas veces y cada vez que lo hacía aparecían muchísimas cosas que debía perdonarme y nunca eran las mismas. Este fue un gran descubrimiento, un proceso de encuentro conmigo misma, de conocerme más y también de invitarme a mi misma a amarme y a cuidarme más.

Hice este ejercicio por 3 años, cada vez que lo necesitaba. A veces me resistía a hacerlo, sentía mucha lástima de mi y me detenía.
Otras veces después del ejercicio quedaba muy deprimida, con una sensación de vacío y melancolía que se me salía de control y tenia que ir a sesiones de acupuntura para volver a estabilizarme emocionalmente.

Llegue al punto que la acupuntura no pudo hacer más por mi, los psicólogos que me habían ayudado tampoco y yo estaba preocupada de no salir de todo este sufrimiento que conllevaba llegar a perdonarme tantas cosas y hasta perdonar lo que consideraba imperdonable. Sentía que dentro de mi había un llanto inconsolable, y como me dijo mi amigo en el poema estaba "atrapada con un grillete al pasado".

Hablé con una amiga que había tenido una experiencia muy traumática con su familia. Ella no era adoptada pero la terapia que hizo le sirvió mucho. Si sabía de la existencia de las terapias de avanzada y de cómo ayudan en traumas psicológicos, aunque es mínima la bibliografía científica que se puede conseguir de estas terapias y aun mas difícil acerca de traumas en la adopción. No perdí la esperanza y busqué a un terapeuta certificado.

En mi país no hay muchos psicólogos formados en terapias de avanzada y al consultar sus curriculum había algo que no me convencía para que fueran las personas idóneas para ayudarme. Cuando uno es psicólogo dar con otro psicólogo que te ayuda no es tan simple, así como tampoco lo es para el psicólogo que atiende como consultante a otro colega.

A los meses tenía que viajar a otro país a recibir un entrenamiento profesional. Se me ocurrió la idea de buscar un psicólogo en ese país. Contactando psicólogos en ese país me dieron referencias de unos 5 psicólogos muy buenos en lo que necesitaba de terapias de avanzada. Después de escribir unos cuantos mails di con la persona indicada para que me ayudara, entre los recomendados y no me equivoque en mi elección.

Era una psicóloga con un gran sentido humano, muy comprensiva y con mucho conocimiento de psicología de la violencia, sumado a que estaba formada desde la interdisciplinariedad y esto le daba herramientas y conocimiento en técnicas para poder ayudar, sin entrar en ese sentimiento de impotencia que vivencian muchos psicólogos ante el consultante por falta de formación en otras disciplinas.

Le manifesté mi interés en una terapia de EMDR (Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) para superar mis traumas, que necesitaba ayuda con mis traumas de la infancia. Hice 20 sesiones de EMDR y recuperé mi vida.

Toda esa sensación de tener un dolor del alma que parecía un llanto inconsolable se fue y quedé tranquila. Antes de la terapia EMDR me sentía estancada en mi proceso de perdonar y con la ayuda de esta psicóloga pude hacerlo.

Me di cuenta que me estaba apegando a mi rabia y a mi tristeza porque era lo que conocía desde mi vida intrauterina y me daba miedo iniciar una vida adulta sin rabia ni tristeza. Fue una sorpresa descubrir esto durante la terapia, algo que nunca me hubiera dado cuenta sino me hubieran ayudado pues al estar disociada no podía.

También comprendí que tenía que perdonarme haber estado disociada por el trauma toda mi vida, y por sentirme culpable por todo lo que viví.

Me perdoné por haber sentido mucha rabia, miedo y tanta tristeza. 

Me perdoné por haberme sentido traicionada de parte de mi familia biológica, por haberme sentido menos digna de pertenecer al árbol biológico que otros familiares biológicos.

Me perdoné haber sufrido tanto en silencio por la muerte de mi madre biológica, el abandono y la negación de mi existencia de parte de mi padre biológico.

Me perdoné no haber tenido la edad suficiente desde muy pequeña para comprender, aceptar y respetar mi vida tal como tenía que ser siendo adoptada y excluida de la familia biológica.

Me perdoné no haber podido comprender desde muy chica que mi familia biológica era tan disfuncional como la adoptiva, y que salí de una familia enferma biológica para entrar en otra familia enferma para que pudiera sanar. Me perdoné no haber entendido qué ese era el sentido existencial de mi adopción, compensar para bien un sistema familiar enfermo saliendo de otro igual de enfermo.

Me perdoné no haber cuidado de mí, no haber puesto límites a los agresores, a los sentimientos de dolor que mis padres biológicos y adoptivos inconscientemente me cargaron. 

Me cargué todo el asunto de esterilidad y problemas del matrimonio de mis padres adoptivos y no era consciente de esto. Me cargué todo el dolor de mi madre biológica, las inseguridades,  miedos de mi padre biológico y sus sentimientos de culpa por haberme dado en adopción. Todo esto me lo cargué, me tuve que liberar de esto y perdonármelo.

Tuve que perdonarme haber sido muy infeliz e insegura mientras crecí en el hogar adoptivo entendiendo que me estaban educando en un hogar enfermo para que me convirtiera en una persona desgraciada, agradeciendo lo bueno que podía rescatar de haber pasado por ese hogar.

Tuve que perdonarme no haber podido entender desde que era una bebé, que mi madre adoptiva era una enferma psiquiátrica y que como yo estaba disociada y traumatizada por todo lo que me hacían en el hogar adoptivo, no era la persona adulta más indicada para lidiar con un enfermo mental y que por mi salud lo mejor era cortar mi relación con ella y con todos los miembros de la familia adoptiva paterna y materna. Acepté y entendí que hay personas mas aptás para encargarse de ella, y que no debo sentirme culpable por no estar ayudando, porque no puedo. 

Me perdoné ser una persona frágil, indefensa, traumatizada y con limitaciones para ayudar dentro de mi familia adoptiva enferma.

Me perdoné haber tenido que soportar tantas humillaciones, golpes físicos de parte de mi familia adoptiva.

Me perdoné haber sido objeto de bullying en mi época de estudios por haber despertado envidias entre mis pares, que sentían que  no merecía la vida que tenía porque era una vida falsa, porque era adoptada.

Me perdoné haber abandonado mis hobbies, muchos proyectos laborales porque estaba deprimida por todo lo que me sucedió. 

Me perdoné haber estado atada a un pasado durante toda una vida.

Me perdoné haber agredido a otros porque actué como la adoptada maltratada y herida y comprendí que mi vida presente no la construyo desde mis heridas sino desde la persona que soy en este mundo aquí y ahora.

Para terminar, cómo se puede observar un proceso de perdón de parte de un  adoptado exige mucha introspección, de ayuda de otras personas siempre que las busquemos o las dejemos entrar en nuestra vida para que nos ayuden. Hay obstáculos emocionales que desalientan el proceso de perdonar y barreras que uno se pone a si mismo, que impiden perdonar y que a veces uno no se da por enterado que ésto le puede estar pasando y por eso la ayuda psicológica o religiosa, o algún tipo de ayuda en la que confiemos es fundamental para perdonar muchas cosas en la vida adulta.

Algo que resalto es que no todas las personas adoptadas tenemos la misma capacidad de introspección, pero esto no quiere decir que no puedan hacer un proceso de perdón. A su manera cada quien encuentra como poner en orden su vida para estar tranquilo y eso es lo que de verdad importa, hallar la forma de superar todos los duelos de la adopción a lo largo de la vida como adoptado.








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