EL MISTERIOSO SILENCIO DEL ADOPTADO

Cuando era muy pequeña, aprendí que permanecer en silencio me podía salvar de los adultos crueles que me rodeaban en el ambiente adoptivo, con los que nunca hubo ninguna posibilidad de tener una relación de apego seguro.

De esta forma evitaba que estos agresores me atacaran física o verbalmente con mas violencia.

No evitaba los ataques violentos pero si conseguía que no fueran tan fuertes como cuando llegaba a hablar, o contestarles algo.

Los adultos (vecinos, amigos y parientes lejanos de la familia adoptiva, mis profesores del jardín infantil y del colegio) se impresionaban y preocupaban al notar que no hablaba, que no hacía contacto visual y me describían como una pequeña niña que tenía su propio mundo y que sólo me relacionaba con ese mundo privado, como si se tratara de un autista.

Les preguntaban a mis padres adoptivos: ¿por qué no habla, por qué no mira, pero qué le pasa a esta chica? ¿La han llevado a un médico o al psicólogo? Ellos respondían: "Ella es así, parece que es tímida".

Mis padres me llevaron al psiquiatra, sospechaban que fuera autista o que hasta pudiera tener retardo mental. Me diagnosticaron como una niña normal a la en su hogar adoptivo no le daban el amor suficiente para recuperarse del abandono.

Mis padres se irritaron con el diagnóstico médico, en especial mi madre, que coincidencialmente fue la no me pudo amar por su discapacidad afectiva. Para mi era imposible generar un apego seguro afectivo con este personaje, que me irrespetaba todo el tiempo con sus insultos, golpizas, manipulaciones y acoso moral. ¿Cómo apegarse a un monstruo adoptivo llamado madre? tendría que haber sido demente para haberme apegado a este ser tan patológico. Como fui una chica normal en un nido adoptivo patológico, no encaje y por eso la adopción fracaso. Si hubiera sido enferma hubiera estado en un ambiente ideal, al lado de un grupo de enfermos, la adopción hubiera sido un éxito para esa familia.

Me sentía tan criticada por los adultos y hasta por los críos de mi edad por no ser aquella niña comunicativa, bullosa y risueña que todos esperaban que fuera. No aguanté tantas críticas y me volví muy repelente. Entonces ya no solo era criticada por no ser comunicativa sino que me calificaron despectivamente como una niña muy antipática, huraña, odiosa y orgullosa.

Si hablaba lo hacia en voz muy baja, entonces quienes eran un poco sordos me replicaban con insistencia: "Habla duro, por favor para poder escucharte". Y no lo hacia, esta prevencion de la gente con mi bajo tono de voz me irritaba a tal punto que no seguia ordenes, ni sugerencias de nadie. Ponia un muro para evitar esas criticas fuertes a mi personalidad protectora.

No entendía por qué me criticaban tanto, si esa era mi forma de protegerme en un hogar donde me era prohibido mostrarme como realmente era y en el cual cualquier manifestación espontánea de mi verdadera personalidad era atacada. Ser yo misma era un peligro y así me lo hacían sentir en el hogar adoptivo, en la escuela y hasta en la calle.

Notaba como algunos adultos se desesperaban con mi silencio. Mi tono de voz baja y que a pesar de tener buenas ideas acerca de algo no las comunicaba y las reservaba solo para mi.

Alguna gente notaba que era diferente con algunas personas, con las que si hablaba, me reía, compartía mis cosas e intimaba.
Entonces esas personas comenzaron a criticarme por socializar solo con personas que  seleccionaba como dignas de confianza. Hasta que una profesora me quería separar de una amiga, para que hiciera otras amigas. Y me dio mucha ira esto, porque a edad temprana ya había sido separada de mis padres biológicos. Entré en depresión profunda por la separación en los descansos, ya no me dejaban jugar con mi amiga. Odié a esa profesora y aun hoy me fastidia recordarla si la veo en fotos del colegio en Facebook.

¿Esa profesora era tan torpe socialmente que no podía entender que era adoptada? ¿Cómo me separa de un ser querido como lo era mi amiga, una niña especial en quien confiar, con quien compartir tantas cosas? Para mi esta mujer estaba loca o era muy bruta. No era capaz de "ponerse en los zapatos" de un niño adoptado y era la adulta que estaba para educar, que supuestamente tenía una formación en pedagogía.

Estaba empezando a construir mi mundo afectivo, dejando llegar personas a mi corazón y ella se opone a esta amistad. Citó a mis padres a una reunión en el colegio y les dijo que no era una niña normal porque solo socializaba con una amiga, que éramos inseparables.

Esa profesora era tan irrespetuosa que en los informes escolares, me describía como" Este extraño espécimen parece que intenta parecer una niña normal como los de su edad, pero sigue siendo rara, no avanza y no sigue instrucciones...". Leía todo eso en el informe con mucha bronca y fantaseaba hasta con matarla por cruel. Entregaba el informe a mis padres en la casa, quienes también se referían a mi como el "extraño espécimen" cuando respondían por escrito a la profesora por el informe. Entonces aprendí que cuando alguien a mi no me agradaba le decía "Eres un extraño espécimen". Mis padres me regañaban, ..."así no se trata a la gente, respeta". Me quedaba sin entender por qué no merecía el mismo respeto. Resultaban muy confusos sus mensajes al educarme y tomó tiempo entender a los adultos que me educaron en este aspecto.

Mis padres me reprendieron en casa y le dieron toda la razón a mi profesora de la escuela primaria. El mensaje que me quedó de todo esto a los 8 años de edad, fue que no estaba bien tener amigas íntimas, que era malo y no permitido.

Mi socialización cambio radicalmente. Me uní a un grupo de niñas, pero establecía un contacto afectivo muy superficial. Creí que de esta forma me aceptarían más como persona. Entonces me empezó la gente a criticar porque no establecía relaciones de confianza. Y más rabia me daban otra vez las críticas.

Había gente que afirmaba sentirse excluida al no ser tenida en la cuenta por mi según sus expectativas, que por tantas críticas recibidas concluí era difícil llenar algún esas expectativas. Sufrí mucho por tantas críticas, y no entendía por qué todo el mundo tenía puestos los ojos en mi para criticarme todo el tiempo por absolutamente todo.

Hasta que ya siendo adolescente, una persona me dijo que era muy envidiada y que ese era el gran problema que la gente tenía conmigo. Desde ese día, todo cambió para mi. Descubrir que la defectuosa no era yo, sino los demás fue magnífico pues eso significaba que si me podía querer a mi misma, que era muy digna de amarme. Empece a darme a mi misma amor y felicidad.

Durante muchos años de mi infancia me avergonzaba amarme y no lo hacía. Me silencié y construí mi propio mundo, donde había un tesoro que no compartiría con nadie: mi verdadera manera de ser.

En esa época de mucho silencio con el mundo exterior, aprendí a excluir y no a incluir personas.  Sumado al gran aprendizaje que me dejó la herida de abandono: aprender a excluir gente y a cortar de raíz con la gente cualquier relación en caso de problemas o si algo me incomodaba de ciertas personas. Me volví una persona con un espíritu muy crítico al ser muy criticada. Esto me afecto mucho, gane más rechazo.

Mi confianza fue traicionada por quienes me maltrataron y aprendí a ponerle mucho límite a la gente para que no se me acercara, para no que no intimara conmigo y se relacionara más de manera superficial que íntima. Así fue como di con amigos muy superficiales, que solo estaba cerca de mi por satisfacer un interés meramente material y que también satisfacía según intereses transados, que parecían más negocios financieros que relaciones humanas afectivas.

Aprendí lo utilitarias que eran las relaciones humanas al convivir con una familia adoptiva psicopatica-narcisa.

Cuando tenía problema o necesitaba ayuda sabía que estaba sola y lo asumía, pues entendía que mis problemas no satisfacían los intereses materiales de los demás.

Ahora siendo una adulta no guardo silencio, expreso lo que siento y pienso, pongo límites y no me dejo agredir de nadie, soy asertiva en la comunicación.

Me he perdonado a mi misma por tantos años de silencio, de introspección, de ocultarme en la máscara de la niña tímida, autista, odiosa, repelente,agresiva, conflictiva, insegura, rebelde, seria y callada con la cual obtenía falsas ganancias, entre ellas una protección, que creía la conseguían siendo así.

Hoy recibo con amor esa imagen de la niña que fui y la abrazo fuertemente, le doy gracias porque me protegió y me ayudó a sobrevivir a la sociedad hostil, aquella con la cual me relacioné en la post adopción.

Entendí que crecí en la ciudad menos indicada por su gran clima de hostilidad.

Que si me hubieran adoptado en una ciudad menos hostil no hubiera crecido en un ambiente tan empobrecido afectivamente y que esa familia adoptiva monstruosa no podía ser diferente a lo hostil que era la ciudad ni a la cultura agresiva que pertenecían.

Ahora vivo en otra ciudad que tiene una cultura que fomenta el diálogo y la negociación respetuosa. En este nuevo lugar puedo ser diferente, puedo ser más yo misma. Puedo ser una persona que dialoga pacíficamente, sin necesidad de defenderse de un campo de batalla ni sentir que tengo que "tener los guantes de boxeo puestos" por si acerca algún enemigo.

En esta nueva ciudad no soy la hija adoptiva de "Fulanito y Fulanita de tal...", soy yo misma construyendo mi propia identidad, mi propio lugar de origen, de filiación, y mi hogar. Soy esa persona que lucha por sus sueños, que trabaja con pasión en lo que le gusta, que vive como es feliz. Aquí soy un ser muy diferente a aquella chica que se protegió de un entorno adoptivo altamente tóxico. No queda ni rastros de ella.

Tener contacto con gente de mi pasado en la ciudad hostil es que me estén recordando:"Ah, pero si tu no te metes con nadie...no eres amiga de nadie...no quieres a nadie, etc". Entonces no me interesan esas personas tan tóxicas, de las que siempre recibiré críticas, comentarios muy desalentadores y que con el paso del tiempo son personas no van a cambiar. Tampoco a este tipo de personas las deseo en mi vida actual y me he alejado de ellas hasta virtualmente.

Vivir en esa ciudad hostil también significaba tener que soportar miradas de odio y de asco de conocidos de mi familia adoptiva más la de ellos, que siempre me vieron como una "basurita", que aunque en la calle durante los últimos años que viví allí no me hablaban con su mirada me repudiaban.

No paso desapercibida ante sus ojos, soy definitivamente muy importante para ellos. Pueden pasar los años que sean que la envidia siempre les corroerá el alma. Pobre gente la del pasado entorno adoptivo. Feliz yo que pude continuar mi vida lejos.

Ahora celebro porque en la nueva ciudad donde vivo no necesito estar en silencio, ni andar con hipervigilancia ni paranoia por las calles, puedo ser yo misma y darme amor libremente, vivir en paz y rodeada de personas que me valoran y para las que soy un ser maravilloso en este mundo, y no la"cenicienta adoptada".



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