ADULTO ADOPTADO: ASERTIVIDAD Y AUTOCUIDADO

Me fui de la ciudad donde crecí con mi familia adoptiva. Dejé atrás todo un pasado de dolor y maltrato que  tuve con esta familia.

Dejó de importarme el origen biológico y me di cuenta que estaba en este mundo conmigo misma, que vivir dependía de mi y sobrevivir también.

Al tenerme solo a mi para sobrevivir debía cuidarme y aprendí a hacerlo. Nadie del hogar adoptivo me lo enseñó. Crecí siendo avasallada, dándole permiso a los demás para agredirme y no sabía que era posible ponerle límites a la gente.

Tampoco era consciente que continuamente era avasada sin piedad. Todo cambió, cuando fui donde una psicóloga que me dijo que tenía que aprender a cuidarme. Esto me sonó muy extraño. Y le pregunté:¿Cómo?, Ella me contestó: "No tengo fórmulas, solo debes encontrar en ti la manera de desarrollar esa habilidad.  Lee sobre asertividad y aprende a decir NO, BASTA". Ignoraba que era posible negarse y expresar mi molestia ante una agresión así como desconocía que el respeto se podía exigir, e ignoraba que dentro de mis derechos estaba hacerme respetar. Tenía más de 20 años de edad y no sabía que tenía derechos como ser humano. Cualquier maltratado no se sorprende, sabe a qué me refiero si lee lo que he escrito. El maltratado es muy inocente, porque así se lo educa para poderlo maltratar sin que se de cuenta de la monstruosidad que hacen con él.

Hoy lamento haber sido tan inocente ante la crueldad de mi familia adoptiva.

Lamento no haberme podido defender ni haberlos denunciado por miles de agresiones en su debido momento.

Lamento no haber exigido respeto ni haber expresado abiertamente lo molesta y rabiosa que estaba con todas sus agresiones.

Hoy lamento haber aguantado tanto y que no han sido suficientes las lagrimas derramadas para sacar fuera de mi todo ese dolor por todo lo que me hicieron. Parece que no fuera posible calmarse después de llorar y así estuve muchísimo tiempo.

Llorando en silencio lo inolvidable, lo incomprensible y lo injusto que siento que fue toda mi vida con los agresores de esa familia adoptiva.

Paso el tiempo y tuve que dejar ir todo ese dolor para poder vivir. Me di cuenta que si no me cuidaba el propio dolor sería como mi propio enemigo, llevándome a estar siempre herida, enferma e infeliz. Saqué fuerzas de donde creí que no las tenia y me demostré a mi misma que me podía cuidar.

Alimentándome bien, haciendo tratamientos médicos y psicológicos,  haciendo deporte, vistiendo ropa agradable que me hiciera sentir bonita y atractiva, practicando mis pasatiempos y permitiéndome sonreír y reírme. 

Cuidarme que parecía tan difícil e imposible comenzó a ser sencillo. Se convirtió en mi estilo de vida, en un santuario donde me consentía, me daba abrazos y me recogía protegida sobre mi misma.

Hice algo muy difícil: poner límites y decir No. Esto me ocasionó problemas con la gente que no estaba acostumbrada a mi nueva actitud.  Me mantuve firme, no estaba acostumbrada a hacerlo con nadie. 

Con el tiempo fui perdiendo el miedo al rechazo de la gente mediocre que avasalla. Me sentí más cómoda cuidándome y dejó de importarme su rechazo al no obtener de mi mas que mi exigencia de respeto. 

Desde mi experiencia, la asertividad es una habilidad que se puede aprender a cualquier edad, es un aprendizaje individual de cual se logra experticia después de miles de intentos, del ensayo y del error, de probar qué me funciona para hacerme respetar dentro de la manera de ser cultural del lugar donde vivo. 

Un libro acerca del tema de la asertividad le puede servir a un padre adoptivo como guía para educar a su hijo, pero la realidad es que el adoptado no tiene que intentar miles de veces, se equivoca y vuelve y lo hace hasta que lo aprende a hacer bien. Para mi la asertividad es un aprendizaje similar a aprender a caminar, donde exploras, te caes, te levantas, lloras, vuelves y te caes, te levantas, das pasos cada vez mas firmes y cada vez eres más fuerte a no caerte. Así es la asertividad, cuando uno aprende a ponerle límites a la gente, para cuidarse y evitar no ser avasallado sin piedad.

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