PROBLEMAS AFECTIVOS EN EL ADOPTADO

Siendo una bebé me sentía desesperada por recibir amor, no sólo comida o atenciones de cuidado.

Estaba ansiosa por mi desespero por ese amor desbordante que esperaba recibir no solo de mis padres adoptivos sino de toda mi familia adoptiva paterna y materna.

No me puedo explicar a mi misma por que me desesperaba por recibir amor, pero era así desde que era una bebe recién adoptada.

Durante la infancia  ese sentimiento de querer demasiado afecto y de esperar mas de lo que me podían dar se mantuvo hasta la adultez temprana.

En mi caso no hubo tiempo para una deprivación afectiva ni deterioro de capacidad cognitiva pues no estuve en ninguna casa de adopción, hogar infantil u orfanato.

De mi familia biológica pasé recién nacida en cuestión de 3 días a los brazos de mis padres adoptivos, que fueron inicialmente  mi hogar de paso temporal mientras se legalizaba la adopción que se hizo 10 meses después que fue cuando falló la sentencia por adopción plena en el Juzgado de Menores de mi país.

A pesar de no haber estado en un hogar institucionalizada, tengo problemas con el afecto y hubo apego inseguro en mi caso de adopción.

A los 2 años ingresé al kindergarten, deseaba que mis profesores me diera mucho amor y que mis amigos de infancia también me quisieran demasiado.

Era demasiado sensible y siempre estaba revisando si la gente me daba todo el amor que esperaba que me dieran y si no lo hacían me daba muchísima bronca, que reprimía en mi interior y que no expresaba.

Me apartaba de las personas por no recibir ese exceso de afecto, era algo que no podía controlar. Me deprimí mucho por eso, hasta que con ayuda de mi psicólogo en la adolescencia comprendí que no podía esperar mas de lo que realmente me podían dar.

Mis intercambios afectivos no eran equilibrados, quería mas y mas y solo daba en la medida que veía me daban afecto a mi.

Aprendí que las relaciones eran utilitarias no solo por crecer con una madre adoptiva psicópata sino porque esa necesidad de afecto siempre estaba insatisfecha. En mi concepto nadie saciaba del todo esa necesidad, que era mi único y verdadero interés al intimar con la gente.

Sufrí mucho por me convertí en una persona inconforme que no estaba contenta con su familia adoptiva, con sus amigos ni con sus novios.

Mis relaciones interpersonales se tornaban cada vez mas difíciles y complejas. Fue gracias a la ayuda de mis psicólogos que aprendí a valorar a la gente por todo lo que me brindaba sin esperar mas y sin sentirme enojada e infeliz.

Fueron muchas las veces que me dieron afecto y que me quede fría como un "témpano de hielo" y la gente sentía de mi parte un rechazo que no comprendían y frente al cual no podían hablarme porque ponía un muro para evitar cualquier intento de comunicación.

Hubo compañeros de estudios que me suplicaban que fuéramos buenos amigos, que era agradable para ser su amiga pero me oponía, como si quisiera cobrármelas porque no me iban a dar ese exceso de afecto irracional que demandaba y nada ni nadie podrían llenarlo del todo.

En los últimos anos, adopté 4 mascotas, 3 gatos y un perro. Tuve que regresar a 3 de los animales al centro de adopción porque no pude hacerme cargo a pesar que quise esas adopciones.

Reconozco que tenìa un conflicto interno grande cuando detecté esa necesidad de recibir afecto desbordante de parte de los animales.

Comencé a desesperarme por no poder llenarlos de ese afecto que tanto me pedían, porque sabia como se sentían.

Me enojaba y les decía a mis mascotas:"ya les di lo que puedo, por qué no lo entienden?" Como consecuencia me puse a pensar, que cuando era pequeña y me pasaba esto con la gente, estaba igual que estos animales, en una actitud muy impulsiva, donde  el desespero por ese afecto desbordante no se puede controlar.

No sabía cómo pedirle a unos animalitos que se controlaran, si yo que era humana tampoco pude hacerlo por mucho tiempo con mi problema afectivo.

El hecho es que no toleré ver su sufrimiento pues me revivía el mio con relación al afecto no satisfecho y preferí devolverlos al centro adoptivo y que consiguirán una familia aun sabiendo el trauma que para ellos implicaba un nuevo cambio de hogar.

Mi esposo (no adoptado pero si tuvo una familia de crianza que eran parientes de su familia biológica directa) no entraba en conflicto con los animales como yo pero al tiempo si le empezó a incomodar la actitud de reclamo y venganza de los animales con él por no recibir todo ese afecto que demandaban.

También le afectaba por haber sido hijo de crianza, un "cuasi-adoptado" y al final entró en conflicto con los animales, se bloqueó mentalmente y tuve que ser la que solucionó el problema y le planteé que por el bienestar de los animales y nuestro ellos requerían otra familia.

Después de 3 experiencias de adopción que fallaron, en pareja tomanos la decisión de no tener mas animales adoptados en casa.

Tenemos un perro que lo conseguimos con una familia conocida desde que era un cachorro de 2 meses de nacido y con el no se presentaba el conflicto del afecto que si ocurría con los animales adoptados.

Aun así el perro no adoptado es de un temperamento nervioso y muy demandante de atención, asunto con el cual particularmente yo entré en shock y comenzaron los conflictos en casa con ese perro, a quien critiqué fuertemente llamándolo "perro manipulador".

Me esforcé por tranquilizar al perro y que se hiciera mas independiente hasta que lo logré.

Este perro me da afecto de manera normal y esto me tranquiliza pero si se pone muy demandante, me hace reclamos con conductas inmediatamente me irrito y le alzo la voz al perro:"No más". El animal me entiende y se echa, hasta que me calmo y para hacer las paces le doy una galleta.

Como he podido le he explicado al perro que soy adoptada y que tengo traumas superados y algunos asuntos pendientes por superar, y que por eso no le puedo dar mas de la atención que requiere, que se conforme con lo que le doy. Es complejo explicarle a mis mascotas que tengo traumas afectivos en proceso de reparación y superación.

El perro me comunica con actitudes, que lo intente, me reta a cambiar mi conducta y cuando lo hago me premia con besos de varios lamidos, y se sienta encima de mi regazo un buen rato.

Este perro me esta ayudando a mejorar, es terapéutico en mi vida y puede hacerlo porque no esta traumatizado como los animales que había adoptado.

Creo que mis padres adoptivos se dieron cuenta de mi problema con el afecto aunque nunca me lo dijeron.

Desde chica note que mi padre adoptivo me mimaba y mimaba por horas, lo mismo hizo mi abuelo paterno que jugaba de todo lo que se le ocurría conmigo y me tenia entretenida por por horas, evitando estar con otros adultos en reuniones familiares.

Mi abuelo me hizo sentir que ese el tiempo del abuelo y mio y de nadie mas. También mi abuelo me pedía que lo acompañara a hacer diligencias, después me invitaba a un helado, entonces el tiempo especial con mi abuelo me tranquilizaba muchísimo y me trajo mucha felicidad.

Mi madre adoptiva hizo el esfuerzo de no trabajar un día para dedicarme mas tiempo por recomendación de la psicóloga a la que consulto cuando tenia 5 años. Nunca volvió a trabajar ese día hasta que se jubiló, mantuvo su promesa y esto ayudó a mejorar mi relación con ella, al menos por un tiempo hasta que ella encontró que ese era el día perfecto de la semana para agredirme, pues estábamos las dos solas sin haber testigo alguno de su crueldad.

A los 4 anños mis padres adoptivos me consiguieron un perro de temperamento muy paciente, un shih tzu, que lo abrazaba y besaba  por mucho tiempo, hasta que el animal me pedía que lo soltara. Era un perro escapista, cuando tenia 11 anños el perro y yo 14, abandonó definitivamente mi casa y se fue a vivir a la calle. Me sentí traicionada por este perro, me tomo más de 6 anños superarlo para poder volver a tener otro perro, un schnauzer que fue mi soporte emocional después de fallecer mi padre adoptivo, donde la violencia de mi madre hacia mi fue mucho mayor.

Entre los 8 años y los 18 años tuve varias jaulas llenas de hámsters y una tortuga también, que quise mucho.

A mis padres les impactaba ver como cogía la tortuga entre mis manos, era pequeña, cabía en la palma de mi mano y la abrazaba intensamente en mi pecho. A la tortuga le preparaba ensaladas con lechugas y carne de res y a los hámsters les haca unas ensaladas con muchas verduras, semillas y frutas deliciosas que eran servidas con mucho detalle, porque con esa comida les daba todo mi amor y esto impresionaba mis padres, pues no era así de afectuosa ni de tierna con la gente.

Pienso que todo eso que hicieron mis padres adoptivos con ayuda de psicólogos, me ayudó a calmar ese desespero por recibir afecto de forma excesiva.

A los 8 años empecé a escribir cuentos e historias en un periódico infantil que les escribía a mis padres y este se convirtió en un medio de comunicación muy bueno entre mis padres y yo. El periódico lo elaboraba a mano, hacia dibujos y escritos imitando un periódico local hecho en la imprenta.

Mis papas  leían mis escritos a diario, la idea del periódico les pareció creativa y me elogiaron positivamente. Entonces comencé a cambiar y descubrí que al escribir me comunicaba tan bien que esa necesidad desesperante de afecto se calmar. Encontré también que si les escribía cartas o esquelas bonitas a mis amigas y novios o decoraba tarjetas con dibujos para sus cumpleaños, navidad o para el día de la amistad, yo estaba dando mucho afecto que me calmaba.

Empece a dar sin miedo y esto lo descubrí al escribir y porque me gustaba pintar.

Aprendí a los 8 años que los detalles de cumpleaños o las sorpresas de regalo eran un motivo para dar afecto en esas fechas especiales.

Por todo el trauma vivido, tenia una sensibilidad especial que me permitía aconsejar a amigas. Descubrí desde los 10 años que ayudando emocionalmente a la gente,  podía sanar todo este problema que he tenido con el afecto.

No tenia que hacer nada raro, solo mirar a los ojos y escuchar con atención. A mis oídos llegaban las emociones de mis amigos y me puse en su lugar. 

Me agradecían comprensión y haberse aclarado a si mismos con solo mi escucha activa. Mi motivo para escuchar y ayudarlos era debido a la experiencia positiva que me quedó del trauma de la adopción.

Entre los 9 y 10 años logré conectarme emocionalmente conmigo misma y supe que lo que hubiera querido es que me hubieran escuchado los adultos así como lo estaba haciendo con mis amigos (aquellos a quienes había seleccionado porque eran muy confiables).

Construí mi propio método para escuchar a la gente y observarla, aun hoy utilizo mi propia invención a pesar de haber aprendido técnicas, métodos y terapias en la carrera de psicología. 

Me parece que mi método de ayuda es mas efectivo que las técnicas científicas porque fue mi propio aprendizaje desde un trauma real y así es como puedo trabajar con pasión por lo que hago, y por supuesto que lo hago sin olvidar a la ciencia. Trato de equilibrar entre mi experiencia sentida y la ciencia psicológica, tanto en mi estilo de vida como en mi ejercicio profesional.

Para mi es muy importante sentir mucho afecto por los trabajos que hago en mi vida profesional y al disfrutar de mis pasatiempos favoritos. Encontré que si entrego ese exceso de afecto desbordante (que nadie me lo da) a mi trabajo o mis pasatiempos, soy eficiente, más feliz y quedo con la sensación de retribuir a la sociedad toda esa energía afectiva que me sobra.

Mi mensaje de resiliencia a partir de esta experiencia de mi vida compartida:

"Querido adoptado, esfuérzate por devolver a la sociedad y al entorno, aquello que quisiste, no te lo dieron ni te lo van a dar. No esperes recibir en exceso, entrégate a dar sin expectativas, simplemente dedícate a darle al mundo el producido de tus talentos confiando en tu brújula interna. Esto equilibrara tu necesidad de recibir afecto desbordante".






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