CARTA A MI PAPA ADOPTIVO EN EL "DÍA DEL PADRE"

Papá...

Desde el día que mis ojos te vieron por primera vez supe que eras el papá adoptivo más indicado para mi. Tus ojos verdes me miraron con ternura, tu voz endulzó mi alma cuando me dijiste tiernamente: "Anita" y me regalaste una hermosa sonrisa, que conquistó inmediatamente mi corazón.

Aunque era una bebé recién nacida que no podía hablar, creo que te comuniqué como pude con mi cuerpo y mis gestos: "Papá, estoy feliz que seas mi papá y mamá al mismo tiempo", porque así te sentí con todo mi amor desde ese día que nací para ti como hija y que también nací para ti.

Pasaron los años, muy apegada afectivamente a ti, segura que estaba creciendo al lado del mejor papá adoptivo del mundo. 

Dormía a tu lado plácidamente cuando bebé; me tranquilizaba tu presencia y me hacía olvidar de lo terrible que fue el abandono de mis padres biológicos. 

Lograste satisfacer en mi ese deseo de tener una linda familia, de estar muy conectada afectivamente con alguien adulto para crecer en paz.

Fuiste siempre un hombre sencillo, cariñoso, bondadoso, buen amigo, un educador maravilloso que me ayudó a descubrir el mundo mejor que cualquier maestro que pude tener en el colegio y en la universidad. 

Me enseñaste a valorar la naturaleza, desde el insecto más irrelevante hasta el animal más grande. 

Me convertiste en una exploradora de la naturaleza, con nuestros paseos a parques y bosques.

Me enseñaste a escribir cuentos, a poner en palabras mis sentimientos, a sacar de mi todo mi sentir para conectarme con el mundo.

Me educaste para valorar las artes, pues identificaste en mi que tenía un gran talento para la pintura y te esforzaste porque aprendiera a pintar. 

Valoraste mis esfuerzos y mis errores, como parte de mi proceso de aprender y me enseñaste que de un error pueden salir mil ideas creativas mucho mejores que lo que se tenía pensado hacer antes de haber cometido ese error, que en realidad no era un error, sino la forma de descubrir algo nuevo y ese proceso de hacerlo resultaba para mi gratificante.

Estaré eternamente agradecida contigo, porque me ayudaste a construirme como persona con valores y principios. 

Me convenciste de creer siempre en mi misma, a superar obstáculos de la vida diaria, a renacer después de una crisis, a sorprenderme por lo inesperado de la vida.

Fuiste el mejor maestro que tuve en la vida, el primero y a quien con orgullo rindo hoy un homenaje por la celebración del "Día del Padre".

No hay un día que pase desde tu partida hace 17 años, que no piense en ti, en todo lo que me diste para ser una buena mujer, esposa, madre, amiga, profesional y ciudadana. 

Fue demasiado lo que me diste, más de lo que como hija adoptiva esperaba y te agradezco en el alma que haya sido así, porque tu amor tan grande me ha salvado dándome la esperanza y el positivismo para vivir.

Eres mi gran maestro de resiliencia. 

Fuiste sordo de nacimiento, pero disfrutabas de la buena música sintiendo las vibraciones. No convertías esta limitación física en una frustración de ti mismo. Me enseñaste a transformar las limitaciones para convertirlas en proyectos creativos, y esto es lo que hago día a día con mi vida, que tu sabes que no me ha tocado fácil, pero también que nunca me doy por vencida.

Aunque hace 17 años que no estás, vives en mi en lo que hago todos los días. Soy la vida que continua todo esto que me enseñaste y puedes estar seguro, que fuiste un padre maravilloso y regocijarte desde el Cielo por esa hija adoptiva que criaste, que te piensa siempre, que te ama y que nunca te olvidará.

He extrañado tu presencia, tus besos, tus abrazos y tus caricias desde que te fuiste. Pero en mi memoria queda grabado todo el afecto compartido, los buenos recuerdos. No tengo nada que reprocharte, sólo estoy para agradecerte haber sido mi papá. Aunque biológicamente no nací de ti, nací de otra forma, de una manera que sólo el inmenso amor puede. Me adoptaste y te adopté como papá y mamá al mismo tiempo, y esto es para siempre.

Te amo,

Tu hija.








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