LA AUTOCOMPASION EN ADULTOS ADOPTADOS

Es frecuente encontrar que los adultos adoptados perpetúan su sufrimiento con respecto a lo que desconocen de su origen, por sentirse abandonados y traicionados, por las mentiras que les han dicho entorno a su origen, por los años de silencio de la familia adoptiva ocultando o tergiversando la información acerca de la adopción o peor aún, evitando hablar del tema.

Por estos motivos los adoptados adultos que tienen dificultades para superar los traumas de su adopción y que se quedan atados a un sufrimiento interno que parece no tener un fin. Un sufrimiento obsesivo anclado al autoflagelamiento.

¿Tiene sentido cargar toda la vida con esa "vieja mochila de dolor"? ¿Cómo detener tanto sufrimiento? ¿Es posible construir una vida diferente sin sufrimiento por el pasado con los familiares biológicos?

El adoptado desde pequeño se condiciona a ser una persona traumatizada con vacíos afectivos, con sentimientos de abandono, e inseguridades por el futuro.

Al condicionarse, se define como persona a través de pensamientos negativos sobre sí mismo, que lo único que hacen es que de manera adictiva se pase la vida sufriendo, sin poder detener todo esto que siente y que no lo deja vivir en paz y feliz.

La experiencia de adopción puede causar  condicionamientos negativos que lo destruyen como persona y que no fomentan una actitud auto-compasiva y de resiliencia. El adoptado puede aprender por ese condicionamiento a ser un adicto al sufrimiento.

La autocompasión es la capacidad de reconocer el sufrimiento que hay dentro de uno mismo, debido a que los padres biológicos renunciaron a nosotros, debido al rechazo que generamos por ser adoptados en un país extranjero o al rechazo de parte de personas que no aceptan la adopción como una forma de filiación familiar porque tienen miles de prejuicios.

Se trata de aprender a ser bondadosos con nosotros mismos, y no de autoflagelarnos por el pasado con los familiares biológicos y los malos ratos vividos durante la adopción.

La autocompasión ayuda a comprender que no tiene sentido estar enojados por el abandono, por los rechazos sufridos como adoptados, sino que se trata de aceptar nuestra experiencia de vida como nos fue dada, con sus imperfecciones, para recuperar la ecuanimidad emocional y de esta forma repararnos afectivamente.

La autocompasión también implica reconocer que el sufrimiento que hemos tenido también lo han tenido otros adoptados, nuestros padres biológicos u otros padres biológicos de otros adoptados, nuestros padres adoptivos y otros padres adoptivos que existen en esta humanidad. Es importante reconocernos, poder aceptar a nuestros padres biológicos y adoptivos como humanos que cometen errores, que son imperfectos, que tuvieron expectativas, traumas y frustraciones frente a esas expectativas inalcanzables en muchos casos de adopción.

Autocompasión también implica reconocer que gran parte de nuestro sufrimiento como adoptados es debido a la cultura en la que hemos vivido, a la forma de pensar cultural y a su manera de solucionar conflictos o cómo nos han educado dentro de esta cultura.

Se trata también de aprender a ser menos críticos con nosotros mismos, a pesar de haber tenido encima a toda una sociedad criticándonos o justificando que somos así o que actuamos de tal forma por ser adoptados. Es muchísima la información que a diario vemos en las noticias, la publicidad, las películas, donde se critica negativamente a los adoptados, y nos toca tener una actitud resiliente ante todo este torrente informativo tóxico para nuestra autoestima, que sólo refuerza el sufrimiento.

Reconocer que nosotros estuvimos inmersos en las circunstancias ambientales, que no elegimos ser abandonados ni adoptados sino que simplemente fue una experiencia de vida que nos tocó vivir porque así lo quiso la vida misma.

En esta experiencia de adopción no hemos tenido un control total de las circunstancias, solo ocurrieron y nos ha tocado asumirlas a lo largo de nuestra existencia.

Las dificultades o frustraciones que hemos tenido como adoptados no son una experiencia para tomarla como algo muy personal y exclusivo, pues existen factores externos que no controlamos en nuestras vidas, como las circunstancias de vida de nuestros padres y lo que los llevó a renunciar a nosotros o aquellos secretos que la familia adoptiva decidió reservarse por miedo o no aceptación de algo y que llevaron a que la adopción no se revelara a tiempo o que nos inventaran cuentos irreales. 

Entonces, es mejor preguntar cómo puedo consolarme y cuidarme en este momento que sufrir por una experiencia que no podemos cambiar, que ya sucedió y tuvimos que enfrentarla como mejor hemos podido hacerlo. No se trata de seguir sufriendo en la vida adulta, sino de cuidarnos emocionalmente para tener salud y vivir plenamente. La adultez es una oportunidad para autocompadecernos y repararnos e  todo ese dolor que dejó el abandono o crecer en el hogar adoptivo.


¿Cómo puedo ser feliz y crecer con mi experiencia de vida siendo autocompasivo?

Primero, no es aconsejable sentir lástima por nosotros mismos ni tampoco permitir que nos afecte la lástima de otros con sus comentarios: "pobrecito, es que es recogido...es que sus padres no lo quisieron...es que su mamá fue violada, o está en la cárcel y lo dejó en adopción, etc".

La lástima hace que nos envolvamos en nuestro propio drama, de una manera muy egocéntrica y terminamos aislándonos de los demás argumentando que es justificado por lo heridos que estamos.

Segundo, la autocompasión no es autoindulgencia.   No se trata de refugiarse en adicciones, autolesiones o excesos para compensar el sufrimiento por la adopción y el abandono. Se es autoindulgente cuando: "Me alimento en exceso para llenar el vacío afectivo que tengo por haber sido abandonado". 
"Me duele pensar y sentir todo respecto a mi adopción, prefiero evitar esta realidad entonces consumiré drogas o bebidas alcohólicas". 
"Me enfurece todo lo que he vivido como adoptado, voy a liberar este dolor autolesionandome con cortadas y golpeándome físicamente  mi mismo"
La autocompasion implica autocuidado no autodestrucción.

Aceptar con amor la dura realidad de mi existencia, por muy dura, inexplicable y misteriosa que haya sido toda esta realidad, es dar un paso hacia una actitud autocompasiva con respecto a mi historia de abandono y mi adopción.

Al aceptar la dura realidad de mi existencia, pierde importancia mi necesidad adictiva de sufrir y empiezo a darle importancia a cuidarme. La bronca extrema se va yendo y me libero para estar en paz. Conservar esa rabia por el abandono en la adultez, es un velo que no me permite verme como ser humano y reconocerme como una criatura en este mundo. 

Al sensibilizarme con mi propia humanidad, comienzo a cuidar mi salud, mis pensamientos, mis emociones, mis relaciones afectivas para que sean equilibradas y no evidencien los problemas vinculares que me dejó el abandono.

Siendo adulto puedo hacer demasiado para tener bienestar, que cuando era un niño adoptado no podía más que depender de lo que me daban en el hogar adoptivo. Ahora, soy responsable de rehacer mi vida sin traumas y no debo buscar excusas para no hacerlo.

Al ser adulto puedo observar el camino de la vida que he recorrido como adoptado, los recuerdos buenos y tristes, simplemente observarlos sin involucrarme en su contenido emocional. Al desarrollar esta habilidad de observar mi vida, empiezo a poder mirarme con autocompasión, a hacer muchos duelos que dejé inconclusos en el pasado y a cerrar estas experiencias para seguir con mi vida, que va más allá que de una experiencia de abandono y de adopción.

La autocompasión es necesaria para sanar las viejas heridas, comprender a la familia biológica y adoptiva, entender el por qué de mi existencia, aceptar quién soy yo en este mundo y poder vislumbrar mi sentido de vida en esta humanidad.

La autocompasión ayuda a los padres adoptivos y a los hijos adoptados a entender lo que encierra la discriminación racial y todo lo complejo que tiene una experiencia de adopción internacional. Es aprender a observar a estas personas que critican la diversidad cultural y étnica con otros ojos sin juzgar, para poder revisar la historia de los prejuicios raciales dentro del país que habita la familia adoptiva, poder ponerlos en un lugar donde emocionalmente esto no le siga afectando a la familia adoptiva ni al hijo adoptado.

Los padres adoptivos tienen que desarrollar la actitud de ser compasivos y de enseñarle a los hijos adoptivos a ser compasivos con ellos mismos desde pequeños. Esto disminuye tensiones familiares, reduce el estrés que produce el entorno socio-cultural con el cual se relacionan las familias y los adoptados. 

Si los padres adoptivos no ayudaron a desarrollar la compasión, los adoptados adultos pueden hacerlo para no ser adultos rotos por dentro, sino adultos enriquecidos con la sabiduría espiritual que les da su experiencia de vida como adoptados. 

Se aprende a transformar esta experiencia de vida como adoptados en una fortaleza que tenemos como personas, que nos ayudará a cimentar nuestras propias raíces, a observarnos y poder identificar qué recursos internos tenemos para seguir con nuestra vida, sin definirnos a partir de las secuelas que dejan los traumas relacionados con la adopción.

Aprendamos a observarnos internamente sin involucrarnos con las emociones que nos produce el pasado y el entorno lleno de prejuicios. Observémonos con la sabiduría que nos enseña nuestra vida misma, dejemos de un lado las emociones y simplemente observemos la gente, el entorno y a nosotros mismos. Hay mucho por descubrir, hay mucho por aprender gracias a la autocompasión que desarrollan los adoptados.



















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