PERDONANDO A MI FAMILIA ADOPTIVA

Mi hogar adoptivo fue muy gratificante en cuanto a todo lo que pude aprender de la vida gracias a todos los miembros adoptivos.

A pesar de haber sufrido muchísimo a causa del maltrato y de la disfunción de esta familia adoptiva, llegó un momento en mi vida donde fue necesario estar en sintonía con mis maltratadores y con las otras víctimas del maltrato familiar dentro de esta familia adoptiva.

Necesitaba ponerme en su lugar, comprenderlos como seres humanos desde su historia de vida, desde la manera como fueron educados, desde su condición genética que activó su conducta violenta con el entorno y desde la cultura a la que pertenecen, que define sus pensamientos y formas de comportarse desde la violencia.

Comprendí que mis tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres adoptivos habían sido maltratados, que no sabían como dar amor cuando lo sentían por alguien.  Pasaron toda su vida llenos de rabia por las injusticias que cometieron con ellos desde pequeños y necesitaban descargar su ira contra todo el mundo.

Los educaron con violencia, enseñándoles que la manipulación emocional era la forma más indicada para relacionarse con los demás, imponiéndose a la fuerza para minusvalorar a otros y poder utilizar a la gente a su antojo, mostrándose superiores y avasalladores.

Creían que golpear brutalmente a los niños y humillarlos era la manera más apta para educar. Pensaban que hacer caricias inapropiadas era una adecuada manera de dar afecto.

Todas sus conductas violentas eran practicadas por generaciones atrás, por lo tanto ellos debían actuar igual y sin cuestionamientos. Por este motivo, todo el grupo familiar adoptivo era educado para permanecer fiel a las conductas violentas, que no las veían como violentas sino como la práctica más idónea de educar a sus hijos.

Dentro de su cultura, los niños huérfanos eran útiles para ser sirvientes en las casas.

Los tatarabuelos adoptivos criaban a los huérfanos víctimas de la guerra para ponerlos a trabajar en las haciendas y servir a la familia.

A mi familia adoptiva le quedó esta herencia y por eso cuando me adoptaron, en su mentalidad ellos pensaron que era útil para ser un sirviente, pues ante sus ojos era otra huérfana dentro de la familia.

Con este paradigma en sus mentes era muy complicado que me vieran como una hija adoptiva, como un miembro mas de la familia.

Para ellos debía llenar la expectativa de servir a la familia "noble", haciendo oficios, cuidando enfermos y cumpliendo a cabalidad su sagrada voluntad como lo hicieron en el pasado otros huérfanos.

Para esta familia adoptiva era humillante lo que hizo mi madre adoptiva. No aceptaban que ella quisiera ser madre adoptando a una huérfana para que fuese su hija. La criticaron, se mostraron molestos y ofendidos.

Mi madre adoptiva se reveló contra el sistema familiar, haciendo que su familia se viera obligada a tratar a un huérfano-sirviente como un familiar. Inmediatamente fue rechazada, aunque ella siguió en relación con su familia, mendigándoles afecto.

La familia no sólo criticaba a mi madre adoptiva, sino que hablaban mal de ella a amigos, vecinos y conocidos. Mi madre adoptiva se convirtió en la vergüenza de su familia.

Ella buscó ayuda psicológica miles de veces, tenía problemas mentales gracias a esa familia violenta. Su familia también la rechazaba por su extraño comportamiento y la acusaban de "loca", "demente".

Justo es la "loca de la familia" a la que se le ocurrió adoptarme. Otro motivo más para ser rechazada y para sufrir tuvo mi madre adoptiva con mi adopción.

Ella lloraba mucho por ese rechazo, y por lealtad al mandato familiar de los huérfanos sirvientes, me empezó a tratar como un sirviente, un ser vulnerable y apto para ser maltratado. Ante su familia, buscando aprobación y afecto, mostraba que le estaba sirviendo y todos tenían los ojos puestos en mi, a ver como atendía a la "loca de la familia" y de paso quitarse la carga de lidiar con mi madre y "su problema".
Cuando llegaban a la casa, la familia me observaba mucho. Querían que los atendiera, que les sirviera la comida y después lavara la vajilla. Esto sumado a miles de burlas y ofensas que vomitaban por sus bocas.

Miles de veces traté que mi madre adoptiva me viera como una hija, pero ella no podía. Quise estudiar para ser profesional, asunto con el cual nadie de esa familia estaría de acuerdo. Intentaron que desistiera de estudiar y me quedara en la casa sirviendo a mi madre como una criada.

No seguí sus reglas, me revelé, me gradué de una carrera profesional, empecé a trabajar y me fui a vivir independiente, tuve novios, después me case y me mudé a otra ciudad.

Todo esto fue repudiado por esta familia, educada para tener un sirviente huérfano en condiciones de esclavo. No los juzgo, porque si reviso la historia de sus ancestros, ellos actuaron conforme a los preceptos morales que prevalecían en el grupo familiar desde épocas memorables.

Al revelarme me hicieron un acoso moral familiar, encabezado por mi madre, la enferma mental, que aunque era rechazada por su propia familia, buscaba tenerlos a todos manipulados y lo lograba. Me acosó a cambio de tener dominado al grupo familiar.

Ella como rechazada por haber adoptado y por su problema mental, trato de resarcir su error acosándome. Esta situación generó un gran placer sádico en aquella familia y que a cambio, mi madre volvió a conseguir un lugar más digno dentro de su familia.

Todos pasaron a verla como víctima de las circunstancias en manos de una huérfana "malvada", porque así me veían al no servirlos como "una cenicienta". Desde la lastima alcanzada, mi madre ganó poder y un lugar de nuevo en esa familia.

Comprendo toda esta historia con compasión, entendiendo que mi maltrato, acoso moral y discriminación por ser huérfana, abandonada y adoptada, sucedió debido a la educación recibida y la costumbres ancestrales de mi familia adoptiva.

Entiendo a mi familia adoptiva, la acepto como es con sus creencias irracionales, su historia dentro de una cultura y su forma de ver la vida, con sus prejuicios con respecto a la orfandad, el abandono y la adopción.

Justifico la violencia que viví entendiendo que aprendieron a ser violentos por la educación recibida, considerando que la violencia es el medio ideal para relacionarse con su entorno y que era la violencia era lo único que ellos conocen para vincularse con su entorno y las personas que los rodean.

Sufren mucho todos en esa familia por ese condicionamiento que los hace ser violentos y no pueden parar. Es algo inconsciente que se lo han transmitido de generación en generación para seguir fieles a sus ancestros. Se han programado con el software de la violencia y sus cerebros llevan este software funcionando perfectamente.

Sus ancestros aunque no son los míos, si me recuerdan que vengo de un hogar biológico con problemas. Quedé en medio de ambas familias tratando de entenderlas y de explicar por qué justamente yo, salí de ambos grupos familiares. 

No siento ya rabia ni tristeza, solo siento el deseo de ponerme en su lugar, comprender y aceptar todo lo que sucedió para aprender positivamente de esta experiencia.

















Comentarios

Entradas más populares de este blog

NO AMO A MI HIJO ADOPTIVO

CARTA A MI PAPA ADOPTIVO EN EL "DÍA DEL PADRE"

EL ADULTO ADOPTADO