MI HISTORIA DE ABANDONO DESDE LA MIRADA COMPASIVA

Mi madre biológica fue una mujer que simplemente parió una hija, que renunció a ella para atender otras situaciones de su vida.

Ella tenía problemas, mucha angustia, estaba muy sola y muy deprimida durante el embarazo; lo sé porque lo sentí estando en su vientre y es algo que está grabado en mis memorias más profundas de bebé.

No la juzgo, no la repudio por haber renunciado a mi. La comprendo con amor y la honro por haberme cuidado en su vientre durante 9 meses, donde ella hizo lo que pudo para que pudiera nacer lo más normal posible, a través de un parto natural. Tuve bajo peso al nacer, pero sobreviví.

Ella tenía problemas cardíacos y es un milagro que haya sobrevivido a un embarazo de alto riesgo obstétrico.


Fue muy valiente en tomar la decisión de tener su embarazo hasta que nací. Ella expuso su vida para darme la vida a mi. Esta la manifestación más grande de amor de mamá. Me tomó mucho tiempo entenderlo.

Estoy tranquila porque antes de renunciar a mi, me amo en su vientre y me permitió nacer. No me abortó intencionalmente para prevenir que su problema cardíaco empeorara. Para mi esto fue suficiente de su parte. Ella ya cumplió su rol, me dio la vida y me arrojó al mundo para que creciera espiritualmente como persona a través de la experiencia de ser adoptada y de otras experiencias que he tenido en mi vida.

Mi padre biológico fue un hombre que quiso que pudiera tener una familia con un papá, una mamá, abuelos, primos, tíos, que era algo que él no podía darme. El tuvo el valor de reconocer sus falencias y para compensar esto me entregó, renunciando a mi como hija. Fue generoso al pensar en mi felicidad al darme otra familia, donde desde su punto de vista podría ser mas feliz y tener una mejor vida. No lo juzgo, lo comprendo y lo respeto. Un padre biológico que ama, le busca un mejor futuro a su hijo así esto implique pagar el precio de renunciar al hijo. Su renuncia fue por amor, no por rechazo, irresponsabilidad o negligencia. Cuesta comprenderlo pero es la verdad.

Me he pasado la vida imaginándome como la sociedad ha podido juzgar a mis padres biológicos, cuantas criticas y menosprecios pueden haber sufrido por haber renunciado a mi, cuanta culpa la sociedad se ha encargado que ellos la sientan y depronto no puedan estar tranquilos al haber renunciado a mi.

Siento que dejé un vacío afectivo en sus vidas muy grande, que ellos han tenido que aceptar realidades de su vida muy difíciles y crecer como personas con esta experiencia de renunciar a un hijo para siempre.

He vivido todo este tiempo en su memoria, en su corazón y pase por sus vidas para dejarles muchas lecciones de amor, generosidad y de resiliencia. Tuve sentido en sus vidas, al renunciar a mi les ayudé a mirar su realidad como seres humanos imperfectos, muy humanos, con vidas difíciles que tenían que atender para estar mejor antes que cuidar de un bebe recién nacido.

Mis padres biológicos tuvieron la valentía de aceptar que no podían darme más de lo que me dieron: la vida.

Para que ellos estén tranquilos donde sea que estén actualmente, les agradezco por mi vida, ha sido el mejor regalo que me pudieron dar.
Durante mucho tiempo les tuve una rabia inmensa por abandonarme hasta que lo comprendí.

Tampoco ahondo en mis sentimientos de haberme sentido traicionada con el abandono. Deje todo esto atrás, no tiene sentido permanecer herida.

Me libero de todo este pasado siendo compasiva con mis padres biológicos, aceptándolos como son, como personas imperfectas, humanos que podían controlar algunas circunstancias de su vida y otras no, como personas que renunciaron a mi por circunstancias comprensibles, respetables y que no merecen ser mal juzgadas por nadie. No le doy el derecho a nadie de juzgarlos, son mis padres, de ellos tome la vida y esto merece dignidad.

Hoy en día observo a quienes critican a los padres abandónicos con compasión.

Entiendo a la gente que repudia el abandono porque desde su experiencia de vida no comprenden todo lo que hay detrás de una experiencia de abandono. No son capaces de "ponerse en los zapatos" desde la percepción y realidad de quien renuncia a un hijo.

Comprendo con respeto a los padres o madres que no reconocen a un hijo, que no lo registran legalmente como suyo ni le dan sus apellidos.

Entiendo a aquellos padres divorciados que abandonan y forman otros hogares con nuevos hijos, olvidándose de los hijos de la relación anterior.

Observo con compasión a aquella madre que deja a su hijo bebé tirado en la calle o en un basurero y que desaparece sin dejar rastro alguno.

Comprendo a la mujer que huye del hospital dejando a su bebe tirado.

Reconozco a aquella madre que fue víctima del robo de su hijo para ser adoptado de forma no muy legal.

Acepto a esa mujer violada o víctima del incesto que entrega a su hijo a una casa de adopción.

Respeto a esa madre adolescente que entregó su hijo para poder seguir estudiando y seguir con su vida. Acepto que por ser menor de edad, no tenía control de muchas decisiones, que si lo tenían los adultos responsables de ella, a quienes tampoco juzgo.

Admiro a esa madre quizás con una enfermedad grave, depronto drogadicta, prostituta, al margen de la ley, etc, que tomo la decisión de entregar a  su hijo a una familia buscando que tuviera una mejor vida al lado de éstos.

En resumen la experiencia de abandono de parte de mis padres biológicos me enseñó a no juzgar, a respetar, a aceptar realidades difíciles, a comprender que la renuncia (abandono) es un acto de amor y de bondad, que merece ser visto con dignidad en cualquier caso de adopción, independientemente de las circunstancias.














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