SUPERACIÓN DEL ABANDONO DE LOS PADRES BIOLOGICOS

Un amigo publicó en su muro de Facebook este mensaje: 

"Soy mis propias raíces".

¡Qué frase tan sabia! Pensé al leer su publicación.

Muchos adoptados se pasan toda la vida con crisis de identidad de no saber quiénes son sus padres, de dónde vienen sus raíces biológicas y con un enorme sentimiento de angustia por saber la verdad que les ha sido negada o tergiversada sobre la familia biológica. Sufren en la convivencia con la familia adoptiva por tener este asunto pendiente por resolver con sus raíces biológicas.

¿Tiene sentido obsesionarse con encontrar y conocer a la familia biológica, en especial en casos de adopción donde es prácticamente imposible saber la verdad acerca de la familia biológica? ¿dónde todos los que pudieran saber la verdad, en realidad no saben nada y sólo inventan historias para calmar la angustia del adoptado?

¿Por qué es tan complicado para un adoptado comprender que el mismo es sus propias raíces biológicas y adoptivas,  para definirse como: "Yo soy mis raíces"?

El trauma por abandono aferra al pasado, de forma obsesiva porque es lo que el niño abandonado conoce y le da seguridad para sobrevivir emocionalmente al abandono. 

Al cortar el vínculo los padres biológicos dejan al hijo como "una rueda suelta" que no tiene donde adherirse. Llega a una institución de niños en estado de abandono, donde puede permanecer horas o muchos años; después pasa por hogares sustitutos, para luego ser adoptado. Si las leyes del país permiten las devoluciones de hijos adoptivos, puede pasar incluso por varios hogares adoptivos si hay dificultades para vinculación o afinidad con la familia adoptiva.

A veces la familia adoptiva no consigue que este hijo tenga raíces adoptivas en el hogar. Es allí cuando es importante la ayuda psicológica para que el adoptado entienda que él es sus propias raíces, que la fuerza la toma desde sus raíces internas para vivir y así superar el abandono.

Un adoptado adulto que sabe que él sus propias raíces deja de estar pensando obsesivamente en sus padres biológicos, su origen y su historia antes de ser entregado en adopción. También deja de estar fantaseando sobre quiénes son, de dónde vienen, cómo son, cómo es su cultura, su idioma, sus creencias y por qué fue entregado en adopción. Asimismo pierde el interés o no desarrolla interés por buscar con ansiedad a sus padres biológicos, contratando un investigador privado, o empresas que ayudan a buscar raíces biológicas y no se la pasa haciendo construcciones mentales atando cabos sueltos de información para encontrar a su familia biológica. 

Es el adoptado que normalmente pregunta a sus padres adoptivos y a las personas que puedan saber algo de su familia biológica, calma la curiosidad y hace su vida tranquilo con su familia adoptiva, que le da amor, contención y que está dispuesta a dialogar con apertura y confianza.

El adoptado adulto que se define a si mismo desde sus propias raíces no permanece en una eterna crisis de identidad. Suele ser una persona decidida, centrada en sus proyectos y tiene metas claras en la vida. Tiene la sensación interna de conocerse muy bien a si mismo, de valorarse por la persona que es en el presente que todos los días, siendo consciente que se está redefiniendo y actualizando, para ser cada vez más si mismo, apoyado en las raíces internas que psicológicamente construyó desde su resiliencia, para rehacer su vida dentro del hogar adoptivo. No se define como persona desde el trauma del abandono ni de la adopción, sino desde la persona que ha sido resiliente.

El adoptado adulto con salud emocional comprende y acepta que no necesita tener una identidad a partir de quienes lo engendraron y lo cuidaron, sino que depende de cómo se puede desprender de todo lo que fue su infancia y su crianza, para atreverse a ser por primera vez él mismo y poder sostenerse sobre sus propias raíces, que son sus propios apoyos.

El adoptado adulto acostumbra a observar su pasado sin involucrarse, sólo deja pasar recuerdos buenos y malos rápidamente por su mente, entendiendo que todo esto lo vivió para aprender algo valioso en su existencia. Considera que la familia (biológica y adoptiva) son sólo orientadores en la vida pero que no son ellos los que determinan su identidad, pues esta es una construcción propia. Reconoce que no es la copia de sus padres biológicos ni adoptivos, ni de sus ancestros, simplemente es él, un ser que existe en este mundo, con una mochila para desocuparla a medida que se avanzar por el camino de la vida. Acepta que el pasado pesa demasiado como para cargar y cargar toda la vida ese pasado, entonces aprende a soltar y a dejar ir, a poner el pasado en su lugar. Se centra en vivir el presente, proyectándose hacia el futuro.

El adoptado adulto comprende lo importante que es vaciarse a si mismo, es decir que aprende a vaciar su propia mochila y a entender que también debe vaciarse de esas mochilas que intentaron inconscientemente cargarle sus familias biológica y adoptiva. Al vaciarse descubre que simplemente es un ser humano común y corriente, porque al vaciarse dejan de tener sentido tantos prejuicios, conflictos, incertidumbres, problemas, que nos hicieron cargar en esas mochilas inconscientemente.








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