EL ADULTO ADOPTADO SIN RELACIÓN CON LA FAMILIA ADOPTIVA

Así como el menor institucionalizado que nunca fue adoptado, se siente el hijo adoptado adulto que por problemas de convivencia, desapego afectivo y de violencia intrafamiliar tuvo que romper la relación con la familia adoptiva y alejarse de ésta para siempre.

El adoptado asume que no tiene familia así como lo hizo quien estuvo institucionalizado y no fue adoptado. Vivir sin familia adoptiva implica sentir muchísima soledad y un gran vacío afectivo, que parece que nada lo llena. También se siente mucha desesperanza, ansiedad por la incertidumbre que trae no sentir que se tiene apoyo emocional o económico de un grupo familiar cuando hay una situación difícil.

No hay una familia adoptiva para compartir en Navidad, ni para celebrar un cumpleaños. No hay un papá adoptivo a quien desearle un feliz día del padre. No hay una mamá adoptiva que dé un abrazo cuando se necesita ni que de consejos. No hay unos hermanos adoptivos con los cuales compartir confidencias, socializar ni reírse. No hay un tío adoptivo que invite a su casa a jugar cartas o a un almuerzo familiar. No hay unos padres a quienes pedirle apoyo económico cuando no se tiene empleo. No hay unos primos adoptivos con los cuales se pueda compartir como hermanos ni como amigos.

El adoptado adulto sin familia adoptiva, madura rápidamente, se vuelve una persona autosuficiente, se valora mucho a sí mismo porque sabe que sólo se tiene él y que de él depende su felicidad, su manutención, su protección y su supervivencia. De él depende construir su propio hogar, rehacer su vida dejando llegar nuevas personas diferentes al grupo adoptivo.

Espiritualmente aprende a valorar la soledad como una oportunidad para conocerse más a si mismo, explorar de qué manera puede llenar ese gran vacío afectivo y cómo darle un nuevo sentido a su vida. 

Puede pasar por una crisis de emergencia espiritual, donde transitará por etapas de tristeza profunda, miedo intenso, sensación de mucha soledad, desesperanza por el presente, terror a la incertidumbre, bronca y culpa por el pasado. Esta crisis es completamente normal si se comprende que el adoptado adulto que corta con su familia adoptiva, pasa a sentirse totalmente desarraigado del grupo al cual pertenece, se encuentra solo reorganizando una nueva vida y esto implica cambios, unos para los cuales esta preparado psicológicamente y otros que lo toman por sorpresa.

A medida que pasa el tiempo, transforma su sensación de soledad en una experiencia positiva donde puede disfrutar de sus gustos, soñar despierto con proyectos que quiere lograr. El adoptado descubre que puede consentirse mucho, dándose abrazos a sí mismo, cuidando su salud física con la alimentación y la práctica deportiva, que puede cultivarse a nivel académico perteneciendo a actividades educativas, culturales y de socialización de conocimientos. 

El adoptado puede transformar sus proyectos personales y laborales en sus hijos del corazón. Comienza a darle sentido a su vida con sus proyectos y cuando esto sucede, esa sensación malzana de estar solo desaparece por completo.

El adulto adoptado sin familia, puede tener mucho miedo a confiar, a establecer una relación de pareja, a tener hijos biológicos o adoptivos. También puede tener problemas de autoestima que dificultan que consiga un buen trabajo, vital para su supervivencia sin familia adoptiva. Se le puede dificultar poner límites a la gente irrespetuosa si aprendió a ser indefenso dentro de una familia adoptiva o biológica que lo maltrataron mucho. 

Puede tener miedo a comunicar afecto, a establecer relaciones profundas y de confianza con la gente externa al núcleo adoptivo.

El adoptado sin familia puede tener crisis de pánico, presentar un trastorno de ansiedad generalizado o hasta tener un intento de suicidio. Por lo cual es recomendable que busque ayuda psicológica con terapeutas de familia, expertos en trauma y maltrato familiar.

Con el tiempo aprende a manejar la incertidumbre la vida. Como está solo es un reto y puede sentir que no es capaz, lo cual produce mucha angustia y depresión. De ser ese joven huérfano, abandonado y desprotegido que tenía familia adoptiva se convierte en un adulto huérfano, solitario, traicionado y vulnerable. Por lo tanto, debe esforzarse por construir un concepto más positivo de si mismo, es decir poder visualizarse a si mismo con un adulto con una personalidad maravillosa, identificando sus potencialidades, su capacidad creativa y sus fortalezas internas.

Su responsabilidad consigo mismo es transformarse en un adulto que se apoya en sus propios recursos internos, que  entienda y acepte que para ser adulto no se necesita de una familia ni de padres. Puesto que ser adulto, requiere dejar de depender o de definirse como hijo de..., para ser Yo.

Debe aprender a crear para si mismo la figura de los padres espirituales, es decir tener en su mente la imagen de una mamá y un papá que construye para si mismos con las cualidades positivas que fortalecerán su autoestima. Esta imagen la puede construir desde lo bueno que tuvieron aquellas figuras ejemplares en la vida del adoptado, puede ser la de un profesor, la del padre o madre de un amigo, la de un personaje literario o de una película que de un ejemplo positivo para el adoptado.

El adulto adoptado comprende que su propio hogar es el que construya asumiendo la responsabilidad de sanarse a si mismo para no afectar su nuevo hogar. 

Es un gran sanador de su propia vida y aprende a identificar situaciones difíciles que ha superado, convirtiéndolos en sus propios triunfos personales. 

Acepta que tuvo una familia legal pero no una familia adoptiva, que seguirá siendo una familia legal pero por decisión personal ya no será más su familia adoptiva. Aprende a despedirse de quienes ya no tienen más lugar en su vida, para poder dedicarse a edificar su propia vida como adulto.

Por lo tanto, se define como hijo legal y deja de tener sentido definirse a si mismo como hijo adoptivo. Después deja de importarle de quién es hijo legal y le da más relevancia a ser el mismo, sin definirse a través de soy hijo legal o adoptivo de... Llevo tal apellido.

El adoptado identifica que simplemente es él, en este mundo dándole un sentido a su vida, volviendo a nacer no para una familia, sino para sí mismo.

Al nacer para si mismo, vuelve a ser ese bebé vulnerable al comienzo pero a medida que afronta la adversidad y la incertidumbre de ser adulto, se fortalece y se transforma en un adulto valiente, decidido y seguro de sí mismo.

Este adulto maduro deja de tener una personalidad falsa y se decide a ser él mismo, conociéndose y cada descubrimiento que hace de él mismo es mágico, pues es darse cuenta de las virtudes, talentos y buenas cualidades que se tienen, que por estar en convivencia antes con un grupo adoptivo que las opacaba, estas cualidades positivas del adoptado le eran totalmente desconocidas sobre si mismo.

El adoptado puede sentir por un momento que se despersonaliza y es verdad que lo hace, porque deja su personalidad falsa (aquella que le permitió sobrevivir en el hogar adoptivo) para tener su verdadera manera de ser como persona, y no bajo el etiquetamiento del adoptado.

Su soledad le permite reconocer quien es realmente como persona. Puede identificar sus verdaderos gustos y preferencias, tomar sus propias decisiones y sentir que son las suyas, lo cual le da la tranquilidad de saber que puede creer en sus decisiones y asumir su responsabilidad.

Ya no tiene que preocuparse por agradarle a su familia adoptiva, ni hacer favores incómodos para beneficio de una familia a la que no le importa, o a la que le estorbó durante muchos años.

Ya no es necesario ir a una reunión de Navidad a recibir ofensas y humillaciones en vez de abrazos, besos y regalos. 

Ya no vuelven a recibir desplantes en fechas especiales como el día del cumpleaños, el día que gané un premio por ser buen deportista, el día donde obtuve excelentes calificaciones en la escuela, etc.

No tiene que fingir estar dentro de una familia adoptiva, ni sentir la presión que impone el grupo disfuncional por estar allí en relación. Ahora puede relajarse, invitar a pasar la Navidad a sus amigos, irse de vacaciones con su pareja, celebrar su grado o su cumpleaños con amigos, la pareja y los hijos. Su familia adoptiva de infancia, ese hogar de paso temporal, deja de ocupar poco a poco su mente y su corazón. Puede quedar atrás, en paz y seguir agradeciendo desde el corazón lo bueno que hubo, lo que se puede rescatar de esas personas, que ya no están en su vida presente.

El adoptado adulto que finalmente aprende a vivir agradecido, es quien puede perdonar a sus padres biológicos y adoptivos por todo lo vivido que dolió. Es quien puede seguir su vida de manera tranquila honrando a ambas familias, siguiendo su vida sin volver a mirar atrás. El adoptado adulto aprende a sonreír cada día, sabiendo que su interior lleva la sabiduría profunda de lo que ha sido su vida, su brújula interna en la cual puede confiar plenamente para continuar su existencia como hijo del mundo y es así como puede nacer y darse al mundo.








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