EL RECHAZO....LA TORTURA DEL ADOPTADO

Cuando era pequeña tenía los pensamientos obsesivos comunes en niños adoptados:

"Nadie me ama.

No soy digna del afecto de nadie.

No tengo nada bueno luego porque voy a agradar a la gente.

Soy un estorbo, entonces mejor no estorbo para que no me odien más.

Me ignoraron porque no me quieren.

Se están riendo ...eso es que están hablando mal de mi y es mi culpa.

No me acerco a la gente, así evito que me rechacen.

Si dejo acercar a esta persona que se ve que es buena gente, me encariño y si después me decepciona, sufriré entonces mejor pongamos un muro y que no se acerque.

El muro está puesto, por qué insiste en estar cerca de mi? 

Qué intenso! se acerca demasiado a averiguar de mi vida. Me fastidia que haga ésto.

No deseo hablar, por qué será que no lo entienden?

Mejor no los invito, seguro me harán algún desplante o quedarán mal.

La soledad tranquiliza, la gente abruma".


A los 7 años mi madre adoptiva me regaló una revista que hablaba de la fobia social. Me dijo que lo leyera para que entendiera por qué estaba sufriendo tanto al relacionarme con la gente.

Leí la revista, entendí que estaba hipervigilante, pensaba que todo el mundo me haría daño y con pánico a estar en relación con un grupo de gente. Pasaba por un lugar, inmediatamente pensaba que todos en ese lugar se estaban burlando de mi. Quizás tuve paranoia, a parte de la hipervigilancia, es muy probable. Mi autoestima era nula, como podía sentir que merecía quererme a mi misma? O qué merecía el amor de alguien?

Pasaron los años, en el colegio citaban a mis padres porque no participaba en clase, asunto que les preocupaba a mis profesores que veían que era una niña inteligente, que podía hacer muy buenos aportes con mis comentarios a la clase. Pasaba los descansos (recreos) siempre con la misma amiga y había compañeros y profesores con los cuales no hablaba, ponía mi muro y ellos sentían que no los dejaba acercar.

La mayor parte de mi infancia jugué sola, fui hija única y en el vecindario solo había otra niña de mi edad, con ella jugaba de vez en cuando hasta que me traicionó y desde allí nunca más volví a creer en la amistad. Empecé a relacionarme de manera más superficial con la gente para sufrir menos traiciones, dolían tanto como mi abandono a la suerte de una familia adoptiva.

No suelo equivocarme con la gente, si alguien es resentido, envidioso, violento, estafador, tramposo, mentiroso, engreído, humillativo, chismoso, acosador, manipulador, aprovechado lo detecto inmediatamente. Es como si tuviera desarrollado un detector de gente mala en mi cerebro. No tengo que acercarme demasiado para saber que la probabilidad de tener problemas con esta persona será alta, entonces evito el contacto. Esta es la secuela que todavía tengo de la hipervigilancia de toda mi infancia.

No es que no crea en la bondad de la gente, sé que hay gente buena, honesta, valiosa, que me puede amar y que me puedo entregar afectivamente, pero sé que estas personas cuando llegan a mi vida son tesoros únicos e irrepetibles.

No sé si sufrí un trastorno por evitación, fobia o ansiedad social, trastorno afectivo o un trastorno vincular según el Manual de Diagnóstico DSM-5. En fin, el diagnóstico clínico es lo que menos me importa. 

Por ser adoptada mis relaciones con la gente se afectaron. Me sentí muy incomprendida e invalidada. Viví maltrato en mi hogar adoptivo, bullying en el colegio y en la universidad, he sido envidiada hasta por un grupo de vecinos en un lugar donde residí mucho tiempo, fui discriminada porque mi raza blanca es minoría étnica en la ciudad donde crecí donde la mayoría son afrodescendientes.

Viví muchas situaciones difíciles que afectaron mi forma de relacionarme con la gente que poco tienen que ver con mi herida de abandono, renuncia de mis padres o con mi venta como bebé para adoptar.

Mis padres biológicos no fueron violentos, ni me envidiaron ni me discriminaron como si lo han hecho otras personas que he conocido. Con ellos estuve durante el embarazo de mi madre biológica y los primeros 3 días de nacida. Los recuerdos que tengo los he traído a la memoria a través de pesadillas y de ejercicios de psicoterapia con sueños. Lo que logré recordar fue traumático y doloroso. Mi vida de embrión, de feto en el vientre de mi madre fue muy dura a nivel emocional y después me separé de ella, así que tuve 9 meses y 3 días para afectarme por todo lo que ocurrió al comienzo de mi vida.

La gente que he conocido a lo largo de mi vida en su mayoría ha sido cruel. He tenido suerte al conocer poca gente bondadosa, pero al menos la he encontrado y me ha hecho feliz. 

Conocer gente buena me ha ayudado a construir una conciencia diferente respecto a las relaciones humanas y la amistad, aunque quedan secuelas de evitar encuentros profundos con la gente. Son miedos muy viejos que me quedan de la traición, aun así me arriesgo a darme a la gente.

Algo que he aprendido y que sé que a otros adoptados adultos podría ayudarles, es aprender a ser rechazado. 

La gente no adoptada ha aprendido a que el rechazo es algo completamente normal en la vida de un ser humano. 

Los adoptados por lo que han vivido, consideran que ser rechazados es un problema grave, traumático, doloroso que deja una huella indeleble en nuestra vida y que nada la puede borrar. Pero para la gente no adoptada, ser ninguneado, que sus detalles o invitaciones sean rechazadas, que sus relaciones de amistad o pareja fracasen después de muchas decepciones y rechazos, no conseguir un empleo, no es algo dramático, sólo son cosas que suceden, dentro de la normalidad de relacionarse con la gente y que hacen parte de la vida diaria.

Los adoptados al haber tenido una experiencia tan compleja de vida, quedaron con un filtro en sus ojos que no los deja ver cómo podrían percibir diferente una vivencia de rechazo. 

Para los adoptados es mejor seguir viendo a través del "filtro del adoptado" porque esto permite permanecer atado a todo lo que se ha vivido sin superarlo. Si un adoptado quiere trascender una experiencia de rechazo y que ésta no le afecte, debe hacer el gran esfuerzo de mirar "sin filtro" como los no adoptados para superar su dolor. Quizás pueda dar un poco de bronca que los no adoptados tienen la solución a nuestro problema con el rechazo, y la razón es que ellos le restan importancia al rechazo mientras que los adoptados magnificamos el rechazo, dándole en realidad una importancia que no se merece en nuestras vidas.

Cuando empecé a cambiar mi pensamiento que el rechazo no es algo doloroso ni traumático, sino que el rechazo es normal, experimenté más tranquilidad en mis relaciones diarias con la gente. Dejé de sufrir innecesariamente. 

A mi personalmente no me parece justo que los adoptados tengamos un sufrimiento adicional a diario. En mi concepto ya fue suficiente lo que hemos sufrido, como para agregar más drama a nuestras vidas. No me parece justo ser adoptado, tener 60-70 años de vida y seguir sufriendo. Esto no es saludable para nadie. Hay que cambiar la visión de la vida, no vernos como los traumatizados que toda la vida van a sufrir. Quien hace esto, se hace daño. Evitemos los auto-sabotajes.

Aprendí a experimentar calma después de un rechazo, pues si el rechazo es normal, no hay motivo para sufrir. La calma llegaba inmediatamente y celebraba por lograr esto.

Ya no era esa tortura terrible que me tenía mal de ánimo, que me enviaba a consulta con un psicólogo, a leer libros de superación personal, a tratar de no intentar suicidarme ni me deprimía ni lloraba por haber sido rechazada. Ver el rechazo como algo completamente normal fue la solución a este sufrimiento.

La mirada compasiva me ayudó también a observar a la gente, a entender por qué actúan de una manera específica a lo que conocemos como "rechazar a alguien". 

Comprendí que el rechazo es un derecho que tiene la gente, que tenemos también los adoptados. No es nuestra obligación corresponder a los demás y que ellos nos correspondan. No es obligación, es un derecho el rechazo. 

Rechazo porque tengo derecho a expresar algo que no estoy de acuerdo, que va en contra de mi voluntad, de mis decisiones de vida, de mis valores morales, de mi cultura, del amor que siento y expreso. 

Rechazo a gente que no deseo en mi vida, con la cual no hay respeto, la relación no funciona, etc. Es mi derecho rechazar!

Como persona sana rechazo porque tengo derecho a hacer valer mis derechos, así suene redundante. Cuando puedo analizar esto, puedo ver el rechazo como algo normal, como lo ve la gente que no es adoptada.


El rechazo es normal.


Si das un regalo y no te lo agradecen, es normal.
Si preparas algo de comer, le hacen ascos a tu comida, es normal.
Si das un beso, y esa persona no siente amor hacia ti, es normal.
Si no te invitan a una fiesta, es normal.
Si te dicen que no te aman, es normal.
Si no les agrada tu manera de ser, es normal.
Si no les gusta tu forma de vestir o el tatuaje que te hiciste, es normal.
Si no comparten tus ideas sobre algún tema o tus creencias, es normal.
Si se enojan contigo porque no están de acuerdo, es normal.
Si critican tu color de piel, tu cultura, tu idioma, es normal.
Si buscas a alguien por facebook, whatsapp o le llamas, te ignora, te evita o no te habla sin darte explicaciones, es normal.
Si te cambian por otr@ novi@, es normal.
Si el matrimonio no funciona, es normal.
Si te vuelves a casar por 3,4,5 vez, y parece que no funciona, es normal.
Si la gente te ningunea por cosas irrelevantes que pasan o chismes que circulan de ti, es normal.
Si no te contratan en ese empleo, es normal.
Si dentro del proceso de selección de un empleo, te demuestran que prefieren contratar a otra persona, que consideran más competente que tú, es normal.
Si le dices a tu pareja que se vaya a vivir contigo y se niega, es normal.
Si organizas una reunión social, y la gente a última hora te cancela y nadie asiste, es normal.
Si dices algo en público, se ríen de ti, se enojan contigo o discuten tu opinión, es normal.
Si a alguien de tu familia adoptiva no le agradas, es normal.
Si a tus suegros no le agradas, es normal.
Si tienen prejuicios, es normal.
Si estás triste y no les importa, es normal.


Que nos rechacen no es malo. 






Comentarios

Roser dijo…
Gracias por hacernos reflexionar con este tema. Coincido en tú último parrafo pero en mi caso me siento más cómoda sustituyendo tu "es normal" por "tiene o tengo derecho" esto no evita que me pueda doler, pero acepto que tiene derecho a decir no. Mejor eso que estar rodeada de gente hipócrita que envia mensajes contradictorios y eso si que resulta confuso y desconcertante
Ana dijo…
Excelente aporte Roser

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