¿POR QUÉ LOS ADOPTADOS SOMOS ASÍ CON LA GENTE?

Al experimentar una separación abrupta de nuestra familia biológica, no importa la edad en la que ésto nos haya sucedido, aprendemos a relacionarnos de manera diferente con nuestro entorno.

¿Cómo es posible que ser abandonado, raptado o por haber sido retirados del hogar biológico, cambie nuestra forma de comunicarnos y de relacionarnos con la gente después de una adopción?

Cuando se ha vivido una experiencia de abandono o de rapto, el adoptado se siente burlado, estafado y traicionado. 

Tan intensos son estos sentimientos que se transforman en una bronca interna, que el adoptado no es consciente de estar muy enojado con sus padres biológicos, con el sistema de adopciones ni con los padres adoptivos.

Por su supervivencia, por cuidar su cuerpo y su salud, introyecta esta ira inmensa y la bloquea para no sentirla. Pero sigue ahí en su interior, y no se va de su cuerpo.

El adoptado desarrolla una conducta hipervigilante para sobrevivir a lo que le hicieron, que para él fue una traición extrema y sin justificación. A nivel racional, sabe que hay una justificación para haber sido adoptado y abandonado, pero a nivel emocional, la adopción no tiene ninguna justificación. 

Como fue traicionado en su confianza, se vuelve muy sensible y desconfiado. Desarrolla una personalidad altamente sensible (PAS), donde percibe sensaciones, emociones y sentimientos con más facilidad que una persona no adoptada. Al percibir magnifica todo lo que siente. Entonces al estar traicionado, burlado y enojado, magnifica estos sentimientos en su interior. 

La hipervigilancia hace que esté más atento a unos estímulos del entorno y no a otros. Es como si tuviese un "filtro en los ojos", que no le dejara ver sino lo que más le llama la atención, pero no todo el panorama que está frente a sus ojos. Es como si cuando escucha, sólo escuchara una parte del mensaje, usualmente la parte que por su hipervigilancia más le interesa. 

Entonces cuando habla sólo expresa lo que para él es importante, así quienes lo escuchan a veces no comprendan lo que desea comunicarles y esto hace que el adoptado sienta que la gente no tiene empatía con él, que no es capaz de ponerse en su lugar. Esto hace que el adoptado se sienta incomprendido, que no encaja en un grupo social y que experimente sentimientos de inadecuación esencial.

El adoptado detecta inmediatamente cuando lo están ofendiendo, se están burlando de él, lo están criticando, están abusando de él, cuando lo intentan traicionar, cuando lo intentan avasallar o someter a la fuerza. Reacciona con violencia si alguien intenta abandonarlo nuevamente, o hace algo que le recuerde el abandono o su rapto.

Si fue un bebé o un niño robado, no soporta cuando es adulto que alguien lo intente estafar en un negocio o que lo roben cuando está caminando por la calle. Tampoco soporta los abusos económicos de parte de la familia adoptiva. No tolera enterarse de ningún robo o tráfico de niños en las noticias, esto lo irrita y hasta lo puede deprimir unos días.

Todo esto lo detecta inmediatamente para sobrevivir y evitar volver a ser traicionado o robado. Es como si ese filtro que tiene fuera un radar, que le permite captar sólo los estímulos que más le interesan y que se asocian a lo que ha vivido (traición, burla, discriminación, injusticia, rechazo, críticas, abusos, rapto, ninguneo).

Al detectar un posible "ataque" de alguien en su entorno, se defiende gracias a su hipervigilancia, que lo cuida de volver a ser dañado. 

La hipervigilancia hace parte de su sistema de alerta vital, que lo protege de los peligros inminentes como a cualquier ser humano.

La realidad es que el peligro para el cual se anticipa el adoptado, ha pasado. Si ya fue abandonado o robado, no lo van a volver a abandonar o a robar, pero el adoptado se anticipa con su hipervigilancia, por si depronto esto le vuelve a ocurrir. Por lo sucedido antes de la adopción queda prevenido y la hipervigilancia lo que hace es reforzar esta prevención aprendida con el abandono o el robo de niño.

Desde su sistema de alerta vital, el adoptado no se siente seguro con la adopción. La adopción para su sistema nervioso autónomo no es garantía de seguridad. 

El sistema nervioso autónomo no razona, simplemente reacciona a estímulos de manera rápida para proteger de algún peligro que se perciba, sea real o no. Es una forma como el cuerpo se anticipa y previene un posible sufrimiento o estrés. Todo esto sucede dentro del cuerpo de un adoptado y él no tiene control sobre la autonomía de su sistema de alerta ante el peligro.

A nivel racional, el adoptado sabe que fue adoptado, que tiene un hogar, una familia (mala o buena) pero tiene una casa, comida y un nuevo lugar donde se le satisfacen necesidades básicas.

A nivel de su sistema nervioso autónomo, el organismo del adoptado no sabe que ya está seguro ni que fue adoptado.

Es por este motivo que relacionarse con la gente, para el organismo del adoptado no es seguro, pues está expuesto a estímulos que amenazan su supervivencia. De esto el adoptado no es consciente, es algo que ocurre dentro de su cuerpo gracias al sistema nervioso autónomo, que tenemos todos los seres humanos para protegernos del peligro. 

Entonces en la vida cotidiana, cuando el adoptado se relaciona con la gente se activa su hipervigilancia, que la protección que le da su organismo. 

La hipervigilancia es un mecanismo amoroso del cuerpo, un método que tiene nuestro organismo para cuidarnos y por esto nos relacionamos con la gente de una manera particular, que nos puede causar problemas vinculares, de comunicación y de convivencia.

Revisemos el siguiente ejemplo de conversación trivial entre un par de amigos (A, es el adoptado y B su amigo):

A:Hola B!

B: Hola A! Voy a irme de viaje unos días. Si no te llamo es porque el tour que voy a tomar termina muy tarde. Incluye viajes largos en autocar.

A: ¿Cómo así? ¿Te vas? ¿Por qué no me lo había dicho antes? ¿Es que ya no confías en mi? pero qué es lo que te sucede a ti? ¿Cómo así que no me llamarás?...Es que no puedes marcarme y hablar un rato, esto no te dañará el tour. O al menos mándame un whatsapp. No me hagas esto.

B: A... no quise hacerte sentir mal. A veces no sé cómo decirte las cosas, tú eres muy sensible. Sabía que si te llegaba a contar del viaje, te pondrías molesto. Lo siento, trataré de llamarte todos los días, te lo prometo.

A: No me prometas nada que sé que no lo vas a cumplir, tu eres como C,D y E. Te comportas igual que ellos, me vas a hacer lo mismo. Me has ofendido, cómo te atreves a ignorarme, qué clase de amigo eres? Eres muy irrespetuoso.

B: Cálmate, déjame hablar. No te estoy ofendiendo ni irrespetando. No deseo irme de viaje, peleado contigo. Por favor, no discutamos. Hablemos.

A: No tengo nada que hablar contigo, me has faltado al respeto. Eres el peor de los amigos que he tenido y no quiero seguir hablando contigo. No soporto tus ofensas, tus chantajes ni que me ignores al no llamarme. Con lo de hoy, ya fue suficiente y no te aguanto más. No quiero saber más de ti en la vida. Adiós.

B: A... (Comunicación cortada y no hay posibilidad para B de volver a hablar en su vida con A).


El adoptado no es consciente de lo que aprendió gracias a su hipervigilancia.
Aprendió a escuchar en las comunicaciones de los demás, una parte del contenido que hace referencia a los sentimientos que generó su herida principal. 

Detallando un poco el ejemplo anterior, B no ofendió ni irrespetó a A, pero A se siente ofendido, irrespetado e ignorado porque no lo van a llamar tantas veces como desea, esto le revive un posible abandono de parte de su amigo, que estará lejos unos días y sólo podrá llamar algunas veces. 

A reacciona con ira por el posible abandono de B con su viaje, se siente traicionado y no se lo perdona. B le explica que no lo está ofendiendo, ni traicionando, que sólo se va de viaje y que tratará de llamar todos los días. A no escucha, sigue actuando desde su herida.

B le pide a A que hablen, pero A no lo hará. Está tan herido que prefiere cortar de raíz la comunicación.

B no tiene más oportunidades con A, la amistad se ha terminado para siempre. A permanece muy molesto con B por años, lo deprime su traición y le cuesta trabajo perdonar a B. A pone un muro y con ésto le comunica a B, que nunca más se vuelva a acercar. A pierde un amigo, una persona que lo quería, que era compañía y aunque lo lamenta, evita tener contacto a futuro con B, para no tener que lamentar una posible traición de B.

Queridos amigos adoptados: 

¿Cuántas veces no nos ha sucedido esto que se muestra en la comunicación de A y B en comunicaciones con nuestra pareja, amigos, familia, compañeros de trabajo, por ejemplo?

¿Cuánta gente ha pasado por nuestras vidas con la que ya no hablamos, ya no somos amigos, ya no podemos trabajar ni tener una relación comercial, ya no podemos ser familia, ya no podemos ser pareja? Muchísima.

¿A cuánta gente le hemos dicho que nos ha ofendido, irrespetado, humillado, maltratado, abandonado, traicionado, estafado? 

Si analizamos el incidente con cada una de estas personas con el paso del tiempo, nos damos cuenta que no fue así, pero en su momento asumimos que nos dañaron y las sacamos de nuestra vida.

Salir abrutamente de nuestra familia biológica nos enseñó a sacar a la gente de nuestras vidas. Si hay algo que no nos gusta de la persona, nos dice algo que no nos gusta, esa persona no tiene ninguna oportunidad con nosotros, la sacamos de una. Es una decisión radical que mantenemos en el tiempo.

Después estamos deprimidos, nos sentimos solos e incomprendidos, lamentando lo que sucedió con A, B o C persona. Tenemos miedo a volver a hablarle, de acercarnos, de disculparnos porque tememos al rechazo, a que nos digan algo que no queremos escuchar, a que depronto nos vuelva a ofender o irrespetar. 

Desconfiamos que con esas personas sea posible una amistad de nuevo.

Nos da miedo confiar y atrevernos a darle una nueva oportunidad a la gente.

La vida se nos complica mucho. Tener amigos, buenas relaciones laborales, de familia, de vecindad, de compañerismo es casi imposible. No duran nuestras redes sociales. 

Nuestras relaciones sociales son redes desechables en las que se bota a la gente que ya no sirve. 

¿A cuánta gente no retiramos de nuestra cuenta de Facebook, o bloqueamos por whatsapp? 

¿A cuánta gente no la volvemos a invitar o le quedamos mal en una invitación, hasta que se aburra y no nos busque más?

¿A cuánta gente le reclamamos que nos de más afecto y más atención que la que nos da?

¿A cuánta gente ponemos a competir dentro de una subasta afectiva, donde nos vamos con quién nos da más?

Hacemos todo esto porque nos comunicaron que éramos bebés o niños para "ser tirados a la basura". Eso nos comunicó nuestra madre biológica cuando dejó que nos robaran y nos vendieran, o cuando fue y nos dejó abandonados en un hospital, en un orfanato, en la calle o hasta en un contenedor de basura. Nos enseñaron a tirar lo que no sirve. El mensaje fue "tira a la basura a los seres humanos que no sirven, todo el mundo es desechable, nadie es reciclable", y eso hacemos con la gente en la niñez, adolescencia y en la adultez "tirarla a la basura".

Cada "tirada a la basura" de una persona es liberador para nosotros, ayuda a liberar el dolor que se siente cuando uno fue quien fue "tirado a la basura" inicialmente. Terminamos pagándole a gente inocente, que no tiene la culpa de nuestra historia con la misma moneda que nos pagó nuestra familia biológica.

A pesar de ser un comportamiento liberador, es contraproducente para nuestra salud emocional. Quedarse sin amigos, tener redes sociales frágiles y desechables, causa depresión, ansiedad y la desesperanza que traen, puede terminar en intentos de suicidio o en autolesiones. 

A ningún adoptado le agrada sentir que ha intentado estar casado 3 veces y ningún matrimonio funcionó, y la relación con los hijos de esos matrimonios es complicada.

A ningún adoptado le agrada ver lo complicado que es conservar los amigos de la escuela en la adultez.

A ningún adoptado le agrada tener que buscar empleo y no tener contactos para conseguir un buen trabajo, porque las relaciones que había ya no las hay.

Por lo tanto, hay que DESAPRENDER esto de "tirar a la gente a la basura" y APRENDER que la gente está en nuestra vida para establecer relaciones afectivas, de amistad o porque son contactos que nos ayudan en nuestra labor diaria.

¿CÓMO?

1. Cuando hablo con cualquier persona, debo hacer el esfuerzo por escuchar todo el contenido de su mensaje, no sólo escuchar lo que me interesa o llama mi atención.

2. Cuando hablo debo aprender a respirar para mantener la calma y repetir mentalmente: "Me estoy sintiendo ofendido, irrespetado, humillado, abusado o discriminado, voy a revisar que hay detrás de esta ofensa, irrespeto, humillación, abuso o discriminación".

3. Hago el esfuerzo de ponerme en el lugar de la otra persona, de entender por qué me está diciendo esto que percibo como ofensa, irrespeto, humillación, abuso o discriminación.

4. Identifico en mi mente rápidamente: cómo se siente la otra persona, qué pasa en su vida que hace que me haga ese comentario en particular y por qué me está afectando. Trato de mantener la calma, estando atento a mis comentarios y mi tono de voz. Reviso que mi postura corporal no parezca la de una persona "lista para el ataque", sino la de alguien que sabe estar relajado.

5. Si comienzo a sentirme herido por esta comunicación, repito mentalmente: "Aunque esté herido por mi pasado, esta persona del presente no tiene responsabilidad en lo que me ha sucedido. Puedo estar tranquilo, es mi derecho. Si de verdad me está irrespetando, merezco estar tranquilo y no le voy a dar poder a lo que me dice para que no me afecte".

6. Si la persona está muy enojada, hago el esfuerzo de decirle que cuando estemos calmados, volvamos a intentar hablar. Si estoy muy enojado, le digo a la otra persona, que necesito calmarme y que cuando lo haga, intentaremos hablar. De esta forma, no corto ni mando a nadie al contenedor de basura. 
Así le estoy dando la oportunidad a la otra persona de arreglar algún problema que tenemos y también me doy la oportunidad de relacionarme de manera diferente, no desde mi herida de abandono.

Recordemos que nuestra herida de abandono es muy traicionera, nos boicotea todo el tiempo. Pueden haber pasado años, haber sanado todo lo relacionado con nuestro abandono y adopción, que a veces sale a relucir la vieja herida de abandono, entonces tenemos que estar atentos a cuando se manifiesta, para que no afecte las buenas relaciones que todos los adoptados merecemos tener con los demás.

Recordemos también que para tener salud, es indispensable mejorar nuestras relaciones interpersonales. No es fácil, pero hay que desaprender para aprender. Lo importante con esta lectura, es tomar conciencia de esto y empezar a hacer pequeños cambios cuando tratamos con la gente a diario.


























Comentarios

Erika dijo…
Hola Ana,
Me ha gustado mucho tu post, lo que manifiestas muchas veces lo he vivido con mis mis primos adoptados, ya que compartimos casa desde niños y mantuvimos la proximidad en la adolescencia.. hoy desde mi experiencia como madre adoptiva, soy mas sensible a los mensajes entre bambalinas que mis hijos puedan manifestar, he logrado un dialogo abierto con el mayor (9 años) y con la pequeña (4 años) estamos en ello.. se que hay heridas muy sentidas que no se pueden sanar así por así, son sentimientos intrínsecos que se llevaran toda la vida, es por eso que estoy atenta a toda información que encuentro. y mas si vienen de profesionales de la psicología que hayan sido adoptadas..
Hace unos días mi hijo mayor escribió estas lineas que lo publique en nuestro blog: https://hijosdelperu.wordpress.com/2015/08/21/mi-pequena-historia/

Saludos; Erika
Ana dijo…
Gracias por tus comentarios Erika. Leere tu enlace en tu blog.
Ana dijo…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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